Abrir las fronteras del país debe ser una prioridad

En esta como otras medidas Chile se está quedando atrás en la tendencia mundial de ir normalizando las actividades de las personas, con restricciones que ya no encuentran mayor justificación.



A comienzos del mes de abril pasado, el gobierno anunció, entre otras medidas, el cierre de fronteras del país, como una forma de contener el avance del Covid-19. En un comienzo, se planteó que la medida regiría hasta el 1 de mayo, fecha que ha sido postergada sucesivamente hasta ahora, cuando se anuncia que la restricción podría ser levantada el próximo lunes 26 de julio para las personas que cuenten con dos dosis de vacunas.

Se cumplen así casi cuatro meses donde tanto chilenos como extranjeros se han visto imposibilitados de salir o entrar al país, algo que no es menor. Porque, si bien hasta la fecha se han otorgado 55 mil permisos para salir del país, se trata de una cifra que solo refleja que el cierre de fronteras ha sido muy estricto con todas las consecuencias que ello tiene tanto para el funcionamiento de la economía, como para la libertad de las personas.

Hay que entender que el concepto de fronteras abiertas es parte de la esencia del mundo moderno. Esto no solo comprende el turismo, sino también el funcionamiento de la mayor parte de las actividades. Y si bien la vida como la conocemos estuvo detenida a consecuencia de la pandemia, en los últimos meses muchos países han buscado activamente retomar la normalidad, lo que hace que Chile se esté quedando muy atrás. En esto se da la gran paradoja que siendo nuestro país uno de los que registra mayor porcentaje de gente vacunada en el mundo sea, junto a Trinidad y Tobago, el único que mantiene sus fronteras cerradas en América Latina.

Quienes han levantado con más fuerza la voz de alerta respecto de este tema son los representantes del sector turismo, los que advierten que el retraso está causando problemas fundamentales en el sector y en la conexión de Chile con el mundo. Para entender la magnitud del tema, durante los meses de abril, mayo y junio salieron del país no más de 70 mil pasajeros, una cifra exigua si se compara con los más de 100 mil que salieron solo en enero y los cerca de 500 mil que se observaban, por ejemplo, en mayo del 2019.

Por todo lo anterior, se hace urgente que el país avance lo antes posible hacia la reapertura de fronteras, todo considerando la importante mejora que se ha registrado en el último tiempo en las cifras de la pandemia, lo que da margen para terminar con la medida. De acuerdo a lo informado ayer, los casos nuevos han caído un 40% en los últimos catorce días, tendencia que se advierte en todas las regiones del país. El índice de positividad, por su parte, llegó a 3,19, el más bajo registrado en toda la pandemia.

Pese todo esto, se sabe que las autoridades de Salud siguen planteando sus dudas respecto a la apertura, en especial por el temor a la variante Delta, que ya llegó a Chile. Pero en esto hay que entender que se trata de una posición extrema. El mundo ya asimiló que buscar una suerte de riesgo cero en este tema ya no es posible y que todos los países tendrán que convivir con la amenaza del Covid-19 durante un tiempo aún no determinado. Precisamente por ello es que se hace necesario buscar políticas que combinen ese riesgo con la necesaria vuelta a la normalidad de los países y las personas. La estrategia de fuertes restricciones solo tiene sentido en un escenario transitorio. Cuando se hacen permanentes, causan más problemas que los que se quiere evitar. Y en el caso de Chile, esto ya está sucediendo, por lo que se requiere avanzar a la brevedad en estos temas.

En ese mismo orden de cosas, también cabe revisar la pertinencia de continuar con los toques de queda, una medida que lleva ininterrumpidamente aplicándose por más de un año y medio. Los recientes cambios anunciados en el Plan Paso a Paso, según los cuales aquellas regiones que logren ciertos objetivos en materia de contagios verán aplazado el inicio de toque de queda en dos horas -por ahora solo cinco regiones cumplen con los requisitos-, no son concordantes con la necesidad de ir avanzando en recuperar la normalidad conforme mejora la situación sanitaria.

En esta discusión hay que considerar también la percepción de la ciudadanía, gran parte de ella con su proceso de vacunación completo, y que ya no entiende ni comparte este tipo de medidas, creando una sensación de vivir en una suerte de “estado policial”, que cada día se hace menos aceptable y que a estas alturas solo induce su vulneración permanente. En ese sentido, se extraña que no proliferen más voces haciendo ver la importancia de que libertades esenciales de las personas no sigan siendo conculcadas innecesariamente.

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