Ardiente debate

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Fuera de toda duda, los debates han sido parte importante de la campaña electoral. Al igual que en las primarias, han decidido cosas, y han provocado giros importantes. En la última vez que se vieron en TV, Sebastian Sichel titubeó lo suficiente para que Jose Antonio Kast entrara y lograra en corto tiempo aparecer como el verdadero imán de la derecha. Por otro lado, Gabriel Boric y sus asesores entendieron correctamente que no se trata de una contienda intelectual, sino de un ejercicio estratégico y por tanto optaron por la prudencia y mantener la ventaja.

Este que viene hoy promete ser más candente aún. Con las revelaciones de los papeles de Pandora, más la decisión de dos poderes del Estado de investigar al Presidente, el nombre del Presidente se convierte en un veneno para la derecha y un regalo para los candidatos de oposición. El más damnificado es sin duda su ex ministro Sebastián Sichel. Aunque, fiel a su trayectoria política, ya hizo la correspondiente pirueta para marcar distancia de quien impulsó su carrera presidencial, este tema es una herida abierta donde los otros contendores marcaran puntos.

También este debate tendrá la novedad de la aparición de Marco Enríquez Ominami. Entró a última hora a la campaña, debido al largo proceso judicial que lo tuvo al borde de la suspensión, y que logró sortear exitosamente. También en la contienda anterior se ausentó por razones sanitarias, así que ahora tiene que recuperar todo el tiempo perdido. Su espíritu guerrero de siempre ha devenido en un héroe fatigado y canoso; por tanto, la estrategia debe ser otra si quiere ser figura en esta contienda.

Para la senadora Provoste el tiempo se acorta, aunque las circunstancias son favorables a ella. La conversación sobre el Presidente dañará a la derecha, y la amenaza lanzada por el ex alcalde Jadue a Boric, favorece su opción moderada. Debe despertar al votante dormido de centroizquierda. Si logra acercarse a los resultados que tuvo Alejandro Guillier en la última elección, con una sangría en la derecha, y el incómodo compañero Jadue haciendo lo posible para que no gane Apruebo Dignidad, podría tener una oportunidad.

Por último, José Antonio Kast se ha convertido en la sorpresa de la elección. Es llamativo que siendo el único que ha dicho claramente que votó Rechazo en el plebiscito y que representa sin ningún complejo a la derecha, esté peleando el ticket a segunda vuelta. Las ambigüedades de Sichel no es suficiente razón. Hay algo en la sociedad que está actuando como fuerza de reacción, como dice Newton en su tercera ley, ante tanto corrimiento hacia la izquierda que han hecho las instituciones públicas, incluyendo la convención constitucional. Este fenómeno puede que estalle en esta elección, y si no a la siguiente.

En resumen, hay una elección muy fragmentada con candidatos con mucha menor capacidad de convocar que las figuras políticas de la transición, y que su ticket a segunda vuelta depende de como soplen los vientos y no de sus propuestas propias. Quizá hay que analizar en serio la propuesta del vicepresidente de la Convención Jaime Bassa y acordar que el nuevo presidente dure un año y llame a elecciones, en el caso que el plebiscito de salida apruebe una nueva constitución. Sería un reseteo del sistema político chileno del que podríamos salir fortalecidos.

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