Cierre del juicio político contra Trump

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Foto: Reuters


Como se preveía, el Presidente de Estados Unidos fue absuelto la semana pasada en el juicio político en su contra. Pese a que en la Cámara de Representantes, controlada por los demócratas, la mayoría de los legisladores dieron luz verde al inicio del proceso por obstrucción a la justicia y abuso de poder en noviembre pasado, en la fase final del juicio los republicanos hicieron valer su mayoría y, con la excepción del senador Mitt Romney -que apoyó una de las acusaciones-, el partido votó en bloque por rechazar los cargos. El Mandatario era acusado de presionar al presidente de Ucrania para que perjudicara a su eventual rival en las elecciones presidenciales de este año, el ex vicepresidente Joe Biden. Con su absolución, Trump se convierte en el tercer Presidente de ese país en enfrentar y ser absuelto en un juicio político, aunque es el primero que lo enfrenta antes de su eventual reelección.

El Mandatario parece estar sacando ventajas del resultado de ese proceso y ha potenciado su campaña de cara a los comicios de noviembre, insistiendo que es víctima de una "caza de brujas" y que las acusaciones en su contra no son más que un montaje. Su aprobación alcanzó la semana pasada uno de los peak de sus tres años de gobierno, con 45,5% -según el promedio de sondeos que realiza el sito realclearpolitics- mientras que su desaprobación cayó a uno de sus niveles más bajos. Además, un 62% de los estadounidenses cree que Trump será reelecto, el nivel más alto en 12 meses. A ello se suma el buen momento de la economía estadounidense, que registró en enero la mayor generación de empleo en casi una década. Algo que el Mandatario se preocupó de relevar en su discurso sobre el estado de la Unión, al insistir que los "años de decadencia económica han terminado".

Un panorama que contrasta con el complejo momento que enfrentan los demócratas, no solo por el fracaso del impeachment-que ha terminado por reforzar al Presidente-, sino por el "fiasco" protagonizado en el caucus de Iowa, que marcó el inicio de la temporada de primarias para elegir a su candidato presidencial. Las fallas y el retraso en la entrega de los resultados instalaron una cuota de desconfianza en un proceso que recién está comenzando y que, si bien aún no permite adelantar quién será el elegido, sí ha revelado un fuerte desplome de las opciones del ex vicepresidente Joe Biden, quien según las encuestas es el único con posibilidades reales de derrotar a Trump. Solo en los últimos 15 días, el exvicepresidente perdió siete puntos de apoyo a nivel nacional.

Pero más allá de lo anterior, el proceso de impeachment y el inicio de la campaña presidencial ha profundizado la polarización de la sociedad estadounidense, potenciado, además, a los candidatos más extremos en la campaña demócrata. Un fenómeno que la contienda electoral solo contribuirá a aumentar con las graves consecuencias que ello conlleva. Lo sucedido en el reciente discurso de la Unión, donde el Mandatario se negó a saludar de la mano a la líder de la mayoría demócrata al ingresar al Congreso y ésta última rompió ante las cámaras el texto del mensaje una vez concluido, dan cuenta del deteriorado clima político que existe en EE.UU. y que puede terminar debilitando los indispensables espacios de diálogo.

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