Columna de Alejandra Matus: Sobre métodos y medios

FOTO: AGENCIAUNO



En su columna “Matus atrapada en Twitter”, el antropólogo Pablo Ortúzar enjuició las informaciones que he publicado en esa red sobre “exceso de muertes” en Chile en el período de pandemia. Sus argumentos, desprovistos del lenguaje coprolálico, pueden resumirse en que el análisis que hice contenía errores metodológicos que me he negado a reconocer y que alimentaron acusaciones al gobierno de esconder muertos. Y que he escogido Twitter como medio de comunicación, a pesar de que esa red “castiga la verdad”.

Respecto de la metodología: para el análisis que publiqué el 24 de abril (con datos del Registro Civil, que obtuve en fuente reservada) usé la definición de exceso de muertes que recomienda la OMS para estudiar el efecto de pandemias y crisis sanitarias, que consiste en comparar el número real de fallecidos registrado en la crisis con el valor esperado en condiciones normales. La metodología se basa en la de los centros de control de enfermedades infecciosas de Estados Unidos (CDC-USA) y de Europa (Euromomo). Es la misma que empleaban a esa fecha The New York Times y The Economist, y que son parte del análisis metodológico de John Muellbauer y Janine Aronban, investigadores de la Universidad de Oxford, como lo explican en su artículo aparecido el 5 de mayo.

El análisis estadístico lo realizó el doctor en Ingeniería Eléctrica y Computacional, con mención en matemáticas aplicadas, e investigador de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, Marcelo Matus, quien es, además, mi hermano. Como resultado, informé que el exceso de muertes para marzo de 2020, comparado con el promedio de los cinco años anteriores y con el año 2019, fue de 11% y 12%, respectivamente, con una alta concentración del exceso en las regiones Metropolitana, Biobío y Valparaíso, y en especial en los rangos etarios de 60 años y más. La variabilidad estadísticamente significativa detectada a nivel nacional, por regiones y rango etario, no resiste la explicación dada por el Ministerio de Salud, y que vuelve a reiterar Pablo Ortúzar, respecto del “efecto lunes” y del retraso de inscripciones del fin de semana.

Posteriormente, el Registro Civil publicó en línea las defunciones inscritas y otros especialistas se abocaron a su análisis. Cuando Espacio Público, usando una metodología distinta a la nuestra y con un corte de tiempo diferente, concluye igualmente que el exceso de muertes es significativo, el Ministerio de Salud reconoce un subreporte de 653 fallecidos.

Además, según la información aparecida en Ciper el viernes, el propio Ministerio de Salud habría informado a la OMS, a través de su Departamento de Estadísticas (Dies), más de cinco mil fallecimientos atribuibles a Covid-19 según los criterios de la OMS, cifra que superaría ampliamente los 2.870 reportados al 12 de junio por la autoridad en Chile.

En cuanto al periodismo y Twitter, en una sociedad libre se espera que prime la autoridad del argumento y no el argumento de autoridad, que es el que se esgrime cuando se afirma que los contenidos de un determinado medio de comunicación tienen, por el solo hecho de aparecer allí, un valor de verdad superior a los otros. El valor de verdad de un contenido lo determina su correspondencia con la realidad, no el medio en que se difunde.

En segundo lugar, no existe evidencia de que el control editorial de los medios tradicionales elimine la difusión de informaciones y opiniones erróneas, interesadas o deliberadamente falsas; o que ese control impida omitir otras verdaderas, pero contrarias al interés de quienes lo ejercen.

Y, finalmente, cualquiera sea el juicio que se tenga sobre la forma de interacción de las personas en Twitter y de la participación en dicha red social de grupos que solo apoyan sus causas e intereses y denuestan a los contrarios -lo que tampoco es ajeno a las opiniones publicadas en los medios tradicionales-, lo cierto es que en esa red publican informaciones de interés público los presidentes de las principales democracias occidentales (incluyendo al de Chile), políticos y dirigentes sociales, centros de estudios y académicos, hombres y mujeres que representan la más amplia diversidad de ideas e intereses, incluyendo periodistas y medios de comunicación.

Tengo certeza de que la información que publiqué es verdadera, de actualidad y relevancia, razones por las cuales ha sido noticia desde entonces, no por el medio en que apareció ni por el color político de las personas que participan en las redes sociales. En 33 años de ejercicio profesional, he desarrollado la mayoría de los géneros y formatos de la profesión, pues pienso que es obligación de los periodistas (trabajando individual o colectivamente) salir al encuentro de las audiencias, con las herramientas que mejor se adapten a lo que buscan informar. Y ya que me lo pregunta, sí volveré a usar Twitter y cualquier otro medio apto para comunicar asuntos de interés público. No estoy atrapada.

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