Columna de Antonia Rivera: ¿Equidad de género en las zonas rurales?
En estas fechas se nos invita a reflexionar sobre una dura realidad que está totalmente invisibilizada en Chile: la situación en que se encuentran las mujeres que viven fuera de las ciudades. Si bien han habido logros importantes en relación al acceso a la salud y a la educación de la población rural en general, las mujeres están en una posición de desigualdad, reflejada en las mayores brechas de participación laboral, de pobreza por ingreso, de pobreza multidimensional, de educación, y las relacionadas con el trabajo de cuidado y de quehaceres del hogar, según el informe “Mujeres rurales en Chile”, del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género.
De acuerdo con información de la Dirección de Género, Diversidad y Equidad de la Usach, la inserción laboral de las mujeres rurales sigue siendo reducida y la participación en el trabajo doméstico no remunerado continúa siendo mayor que la de los hombres. Esto genera altos niveles de frustración respecto de las aspiraciones individuales. En familias rurales donde la mujer se emplea fuera del ámbito doméstico, se abre un nuevo abanico de desigualdades: son las niñas menores de 14 años las que asumen las responsabilidades del hogar. Ello significa que cuando algunas se insertan en lo extradoméstico, en otras mujeres se perpetúa el rol tradicional en la vida familiar. Según este mismo estudio, si bien es cierto que los avances en la condición de las mujeres son innegables, la permanencia de factores que reproducen una estructura aún desigual de género para las mujeres rurales se mantiene como una realidad.
Una de las variables que más afecta a la equidad de género es la escasez hídrica. ¿Qué relación podría haber entre estas dos dimensiones? Mucha y bastante profunda. Cuando falta el agua en las zonas rurales, son principalmente las mujeres las que modifican sus quehaceres diarios y ven impactada su calidad de vida, pues son ellas las que se ocupan de solucionar el problema de abastecimiento para sus familias. La ausencia de agua segura y permanente es la realidad del 47,2% de las viviendas rurales en nuestro país, es decir, que la mitad de los hogares en el campo en Chile no tiene acceso a agua potable. Increíble pero cierto. Dada nuestra cultura, en los campos son ellas, las jefas de hogar, las que buscan soluciones y enfrentan cada día el problema de abastecerse de fuentes irregulares como pozos, ríos o camiones aljibe, los mismos que muchas veces no cumplen con un suministro seguro, permanente, suficiente y de calidad.
Respecto de la administración del recurso, según la OMS, en el mundo 8 de cada 10 mujeres se encargan de administrar y proveer de agua a sus hogares. Sin embargo, la participación de ellas en el sector de toma de decisiones y liderazgo de los recursos hídricos, como presidentas de los APR, es de un 30,4% a nivel nacional. El libro “Guardianas del Agua: (In)seguridad hídrica en la vida cotidiana de las mujeres”, recopila relatos de mujeres que viven día a día en zonas y territorios afectados por la megasequía entre las regiones de Coquimbo y del Maule y es una excelente aproximación a esta realidad.
En pleno 2023 parece increíble que más de 1 millón de chilenos vivan día a día en estas condiciones, pero lamentablemente es cierto. En este Día Internacional de la Mujer, es un deber visibilizar esta realidad y hacer un llamado a articular esfuerzos y movilizar recursos para que realmente podamos hablar de equidad de género en Chile. La reivindicación de los derechos de la mujer comienza por tener la posibilidad de vivir la vida con las necesidades básicas cubiertas, pues sabemos la estrecha relación que hay entre pobreza y escasez hídrica. Empecemos por lo primero. Las mujeres de las zonas rurales de nuestro país ya no pueden esperar más.
Por Antonia Rivera, directora ejecutiva Fundación Amulén
Lo último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
Plan Digital+$6.990 al mes SUSCRÍBETE