Columna de Bernardita Yuraszeck: Educación en jaque



Estamos por cerrar un año escolar que ha sido duro. Junto con la emoción de volver a encontrarnos en las aulas, la otra cara del regreso a clases mostró -lo que era inevitable- muchos de los problemas irresueltos de nuestro sistema educativo.

Durante todo el año, colegios de Santiago y regiones reportaron situaciones de violencia escolar atípicos, con estudiantes e incluso apoderados más desregulados. Casos puntuales, dirán algunos, pero un hecho irrefutable es que mientras un grupo de estudiantes se desarrolló en ambientes propicios para su aprendizaje, otros lo hicieron, o intentaron hacerlo más bien, en ambientes hostiles.

El agotamiento docente frente a ese tipo de situaciones y el evidente deterioro en la salud mental que la pandemia nos dejó, era de esperarse. Además, el aumento histórico de licencias médicas (más de 300% en la Región Metropolitana) colisiona con otra realidad que hace tiempo nos pisa los talones: hay un déficit proyectado de 26 mil docentes a la vuelta de la esquina. Por un lado, cada vez son menos los jóvenes que están interesados en dedicarse a la profesión docente y, por otro, 10% de los profesores novatos “cuelgan su delantal” y dejan el aula en su primer año de ejercicio.

A la inminente falta de profesores se suma la deserción estudiantil. El Mineduc informó que 50.529 alumnos de todos los niveles y modalidades se desvincularon del sistema entre 2021 y 2022, 24% más que en 2019.

Otra pregunta abierta es cuánto sentido y valor se le entrega a la escuela hoy. Una encuesta aplicada por la Fundación Presente a 3 mil estudiantes reveló que 52% de los estudiantes cree que asistir a clases no influye en lo que quiere lograr en su vida. A su vez, 44% de los apoderados considera que la asistencia de sus hijos no influye en que cumpla sus sueños. Esta percepción es sin duda muy preocupante, porque la educación es el camino no solo para brindarle un mejor futuro a nuestros niños y niñas, sino para transformarnos en una mejor sociedad.

Basta mirar el panorama completo y no de forma aislada para subrayar que la situación es grave. Nuestra educación está en jaque. Docentes agotados, estudiantes desmotivados y con aprendizajes descendidos, familias desvinculadas y un sistema educativo que no logra reponerse tras la pandemia para empezar a avanzar. Todavía.

Esto nos exige romper con la inercia o terminaremos reproduciendo lo de siempre: una sociedad de brechas. Y eso se logra impulsando más y mejores alianzas entre el gobierno, el Estado y la sociedad civil.

Porque el desafío es de envergadura, y tal como afirmó el ministro de Educación, el Estado no tiene todas las respuestas y necesita del apoyo de las organizaciones que, a lo largo de Chile, están comprometidas con la educación y el futuro de nuestro país. Tenemos esperanza.

Por Bernardita Yuraszeck, directora ejecutiva Fundación Impulso Docente

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