Columna de César Barros: El Capitán Planeta



Después de que gane el Rechazo -hasta ahora las probabilidades están con ellos- tendremos una crisis de gobernabilidad no menor. El Presidente Boric eligió ser el guaripola de la campaña del Apruebo, y es probable que sea derrotado. Y las derrotas no tienen amigos, solo tienen culpables y los acosan cuchillos largos. Sus aliados se irán cayendo como el agua que contiene un canasto.

Pero, como decía el gran Ricardo Capponi (QEPD), las crisis no son tragedias (que no tienen vuelta), sino que son oportunidades, pero solo cuando hay un liderazgo fuerte. Las sociedades en crisis -Capponi dixit- vuelven a la inmadurez mental, y sus reacciones son las primitivas: huir y/o agredir (¿recuerdan noviembre del 2019?).

La derecha está sin liderazgos claros, sin ideas atractivas, y con credibilidad transformadora cuestionable, por lo que la oportunidad, esta vez, la tiene la centroizquierda democrática que es la que constituyó la antigua Concertación. Hay alguien en ella que tiene la credibilidad, bagaje intelectual y peso específico como para salvar a un gobierno exánime post Rechazo. Él es el expresidente Ricardo Lagos.

Sabiamente se ha mantenido equidistante de las dos alternativas. Y tendría la posibilidad histórica de ayudar con su capital político a un joven Presidente que estará en las cuerdas post Rechazo, derrotado en las urnas, con un Parlamento díscolo, una Constitución por reformar, y sin aliados. Ricardo Lagos es capaz de volver a alinear desde la DC al PS, y también arrastrar a la derecha, para llegar a consensos democráticos, reformar su Constitución y darle rumbo al país nuevamente. Ese rumbo perdido hace tantos años, cuando había crecimiento, progreso y se formuló una gran clase media. Esa que hoy da la espalda a sus instituciones y desconfía de todo (y no sin causa, por cierto).

Lagos es capaz -si se lo propone, y la clase política se lo permite- de recuperar la confianza de esa gran clase media, la de los empresarios, de las Pymes, y de un Parlamento heterogéneo y díscolo, recuperando la racionalidad, la paz social y el progreso. Y así salir del marasmo en el que nos metimos a raíz de la violencia del mal llamado estallido, que de protesta ciudadana legítima tornó -como dice Artés- a posible golpe de Estado. Marasmo que se acentuará, tanto si gana el Apruebo como si gana el Rechazo, el próximo 4 de septiembre, ya tan cercano. La derecha no podría negársele. Tampoco los expresidentes, exministros y colaboradores se le van a restar.

Chile carece de líderes potentes en su clase política. Boric es uno, pero su posición partisana frente al plebiscito, lo dejará muy disminuido. De la Convención Constitucional no salió ninguno (que gran oportunidad se perdieron Atria, Bassa y Loncon, entre otros). Por el contrario, en vez de aparecer algunos líderes, aparecieron muchos villanos, que se niegan a quedarse callados.

Tampoco necesita el ex Presidente entrar directamente a las trincheras. Pero -como lo hizo Portales- puede usar su influencia, su imagen y su credibilidad para formar un gobierno viable para los próximos años, que seguirán hostigándonos con inflación, violencia en el sur, inmigrantes ilegales en el norte, y crimen en nuestras ciudades. Todo eso aparte de construir de una buena vez “la casa de todos”. Dejemos a Lagos tranquilo por ahora (sin selfies, ni visitas suplicantes), pero a partir del 5 de septiembre hagámosle un llamado potente pidiendo su ayuda.

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