Columna de Daniel Loewe: Los retiros, “Bullshit” e irresponsables



Los efectos de los retiros de los fondos de pensiones son catastróficos. Las consecuencias negativas afectan directamente a las personas (inflación, imposibilidad de acceso al crédito –y así a la casa propia–, quiebra y desempleo en la construcción, etc.) Hayan sido o no necesarios en la excepcionalidad pandémica, indudablemente sus consecuencias han sido muy negativas. Como gustan decir los políticos en desmedro de las palabras, son hechos.

Por eso llama tanto la atención que un grupo de diputados PPD, más independientes, propongan un proyecto de retiro. Las motivaciones deben ser variadas (algunos han construido en torno a este objetivo su pyme política). La que se anuncia es que, dada la negativa de la derecha para avanzar en la reforma de pensiones, la propuesta de retiro “no sería descabellada”, siguiendo al diputado Winter; y sería necesaria para presionarla. Se equivocan.

Quien sostenga que se puede tener una opinión diferente sobre las consecuencias de los retiros, expresa una de las características más nefastas del populismo actual, que es la irrelevancia que le otorga a las condiciones de verdad. El filósofo Harry Frankfurt lo ha denominado “Bullshit”. El mentiroso, sostiene, todavía estima la verdad, y por eso intenta ocultarla con el engaño. Pero Bullshit es otra cosa: es la total indiferencia ante la evidencia y las condiciones de verdad. Lo conocemos. Por ejemplo, frente a la evidencia del cambio climático, se afirma que se tiene otra opinión. Es como si usted sostuviera que tiene otra opinión con respecto a que los ángulos interiores de un triángulo suman 180 grados. Si el parlamento estuviera compuesto por “bullshiteros”, se acabaría la política y solo quedaría cerrar la puerta por fuera (el problema, claro, es que ese afuera no existe).

También es lúgubre entenderlo como una estrategia política para motivar a la derecha a evitar el resultado catastrófico del retiro aceptando la reforma. El diputado Soto sostiene que sería un golpe de mesa para mover las piezas del tablero; y descargando anticipadamente su responsabilidad, que “la amenaza” no vendrá de ellos, sino “de la ciudadanía”. Note lo que está diciendo: si no se allanan a negociar, entonces quemaremos la casa. Pero, ojo, no seremos nosotros (los diputados PPD, supongo) los incendiarios, sino que nosotros (los diputados PPD) solo transmitiremos automáticamente, como una onda oscilante, los impulsos ciudadanos que vamos a despertar. Tontera por donde se lo mire. Lo primero es como amenazar a la contraparte que, si no acepta una mejor ley de protección medioambiental, responderemos destruyendo activamente el medioambiente (a quien lo dice ¿le importa o no el medioambiente?). Lo segundo evidencia que no ha entendido la labor política, esto es, racionalizar los debates, sin limitarse a ser un eco de las pulsiones ciudadanas, con tanta autonomía como el muñeco de un ventrílocuo.

Por Daniel Loewe, Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbete aquí.