Columna de Dominique Keim: Más allá de lo cultural: Los positivos efectos del Festival Teatro a Mil



Nos encontramos en pleno desarrollo de la versión 30° del Festival Teatro a Mil. Tras su largo recorrido, el festival hoy es parte de la memoria colectiva y ha contribuido directamente a que el mes de enero sea considerado como el “mes del teatro”, con una amplia oferta de espectáculos de artes escénicas que se presentan de forma simultánea en diversas comunas de la capital y de Chile, copando las calles.

Pero su aporte va mucho más allá, y así ha quedado de manifiesto en un estudio realizado desde el Centro de Políticas Públicas UC, donde se muestra que el festival no solo genera un subsidio directo a la participación en la cultura, permitiendo que año a año nuevas personas asistan por primera vez en su vida a un espectáculo de artes escénicas de manera gratuita -36% de los encuestados nunca había visualizado un espectáculo de artes escénicas internacional-, sino que también produce un importante efecto en la economía, que no es reconocido y además poco potenciado.

Es así que se estima que el impacto económico total del festival en la Región Metropolitana fue de US$ 5.181.011, en su versión de 2022. El 14% corresponde a gasto de los asistentes, mientras que el restante 86% viene de lo ejecutado por la propia organización. Por su parte, en una encuesta realizada a locatarios alrededor del GAM (que es el centro neurálgico del festival), el 70% de los locales encuestados indica que se genera una mayor afluencia de público, mientras el 73% declara que hay un aumento en los ingresos semanales cuando se realiza el festival, especialmente, aquellos que funcionan como bar o restaurant y los comercios de menor tamaño. Un tercio de los comercios señala que el incremento de sus ingresos es superior al 10%.

Lo cierto es que este impacto económico podría ser mucho mayor si es que existiera una acción dirigida en promover el gasto por asistente y en que se pueda plantear objetivos de desarrollo comercial para los espacios en donde se desarrolla, como lo hacen muchos festivales internacionales, incluso aquellos sin fines de lucro, como el propio Teatro a Mil. Esto permitiría que el festival aumentara su impacto en la economía y, además, se pudieran generar recursos de inversión para seguir contribuyendo a que más personas accedan a la cultura. Si algo ha quedado demostrado en los 30 años de historia del festival, es que propiciar este mayor arrastre económico, no depende solo de la Fundación Teatro a Mil, sino que es necesario que privados y el Estado puedan contribuir, de modo tal de asegurar que el festival quede en la memoria colectiva de más generaciones.

Por Dominique Keim, Centro de Políticas Públicas UC

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