Columna de Gabriela Clivio: La Libertad nuestra de cada día

mafalda



Cuando era chica en mi casa, mi viejo tenía una colección de unos libritos chiquitos con tapas de colores que leía y releía frecuentemente. Para mí eran solo unos dibujos de un grupo de amigos que vivían en el mismo barrio, iban a la misma escuela, estaban en la misma clase y jugaban a los cowboys en la plaza después de hacer las tareas. Esos “libritos” de ediciones de La Flor, que yo disfrutaba leyendo, eran las historias de Mafalda, el célebre personaje que agotó a Quino con su ritmo de publicaciones pero que lo hizo conocido en todo el mundo.

El título de esta columna se refiere justamente a una de las amigas de Mafalda, esa misma que cuando Mafalda la conoció le preguntó: ¿”Cómo te llamás?” y ella le respondió “Libertad”, a lo que Mafalda acotó: “Qué chiquita que sos Libertad”. La realidad es que el tamaño de Libertad en los dibujitos era a todas luces más pequeño que el de sus amigos del barrio, porque Quino escribió y dibujó a Mafalda en tiempos de la dictadura argentina, una época en la cual la “Libertad” era muy chiquita o muy restringida.

Con el tiempo volví a leer a Mafalda, no ya como una niña que veía los dibujitos sino como una adulta que entendía los mensajes que se transmitían a través de estos personajes a los cuales mi cabeza ya les había asignado una voz y una actitud. Así, Felipe era el eterno soñador, Manolito, que rara vez entendía algo en la escuela, seguía los pasos de su padre con el almacén; Susanita soñaba con casarse, Guille era el hermano menor, la mamá de Mafalda representaba todo lo que yo no quería ser, Libertad tenía una mamá que traducía libros del francés al español y Mafalda era una niña preocupada por las injusticias del mundo, el desarme en plena Guerra Fría, la inoperancia de algunos organismos multilaterales y la paz mundial.

En un dibujo, Mafalda le preguntó a Libertad cómo era que le gustaba la gente y Libertad le respondió que le gustaba la gente “simple”, la gente reversible, esos “que son lindos por fuera y por dentro”. Creo que todos quienes leímos esta tira cómica, además de Mafalda terminamos adorando a su gran amiga llamada Libertad, dueña de una personalidad imbatible. Cuando miro la situación que estamos viviendo en Chile en el presente, veo cómo la libertad que teníamos hasta el año 2019 se nos está achicando y quizás por eso se me vinieron a la mente Mafalda y sus amigos. Ahora, no tenemos la libertad de salir de nuestras casas debido a la inseguridad que es de lejos la principal preocupación de todos, el narcotráfico se ha tomado barrios enteros, no tenemos la libertad de decir que no, porque a pesar de lo que votamos con un 62% de los votos el 4 de septiembre seguimos entrampados en un proceso constitucional en medio de varias urgencias. Si quiebran las Isapres perderemos la libertad de elegir el sistema de salud que queremos y colapsará el sistema público, y si avanzamos con el tema de un ente estatal único que invierta las cotizaciones del ahorro obligatorio, así sean estas las cuentas nocionales, también perderemos la libertad de elegir quién invertirá nuestros ahorros para nuestra pensión. A esto se suma que perderemos la posibilidad de heredar los fondos a nuestros hijos. En pocas palabras, la libertad que teníamos se ha hecho bastante más chiquita, quizás tan chiquita como la amiga de Mafalda, solo que ha sucedido de a poquitos y quizás por eso no nos hemos dado cuenta del deterioro que ha sufrido.

Un día Mafalda dijo, mientras jugaba con unos sifones de agua, que “en la era espacial todo es posible”. Ojalá sea posible volver a aumentar el tamaño de nuestras libertades.

Por Gabriela Clivio, economista y académica

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