Columna de Ricardo Abuauad: Agua, entre garrote y zanahoria



A pesar de haberse anunciado recientemente que no habrá racionamiento de agua en los meses de primavera y verano, el MOP acaba de renovar, hasta julio de 2023, el decreto que declara escasez hídrica en Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura.

¿Qué dice esto de lo que se viene en el futuro para nuestras ciudades? La respuesta es simple: si no cambiamos radicalmente la forma en la que entendemos el uso del agua, casi con certeza veremos en los próximos años una draconiana -pero necesaria- “Policía del Agua”, a la manera de la que opera hoy en California. Esa policía monitorea el cumplimiento de medidas estrictísimas, como la autorización de regar (incluso en los meses de más calor) solo una vez a la semana, bajo normas muy detalladas; el riego puede producirse únicamente antes de las 10 de la mañana o a partir de las 5 de la tarde, y los días para hacerlo están determinados. Aparte de multas, quienes contravienen esta disposición pueden llegar a ver reducida la presión del agua en su vivienda. Otro ejemplo es el de Francia, donde se utilizan fotos aéreas e inteligencia artificial para encontrar piscinas ocultas que no estén pagando impuestos (EE.UU. y Francia son los países con más de ellas per cápita), y eventualmente también para prohibir la construcción de nuevas. Una suerte de “policía de piscinas”: la idea, obvio, es desincentivarlas. Así viene la “política del garrote”, así de grave se ve el panorama.

Pero quizás el mayor cambio que esto anuncia es cultural: los inspectores que recorren las calles de los distritos acomodados californianos distinguen con facilidad las casas que están cumpliendo de las que no. Si el pasto se ve demasiado verde, si está sospechosamente húmedo, si las cunetas tienen musgo, es seguro que alguien no está haciendo lo que debe. Lo que antes parecía signo de cuidado y prolijidad (un jardín verde, a toda costa), hoy se entiende como señal de falta de consciencia cívica. El buen ciudadano es ese que tiene un césped amarillento (o lo cambió por gravilla), especies de bajo consumo, y no hace piscina (o, si la tiene, no la llena; y si está llena, no la vacía nunca). Otro patrón, otra idea de “lo verde”. ¿Sueña usted aún con un prado verde y sureño en Santiago? Los años que vienen se lo van a hacer difícil.

Pero complementando esto, naturalmente debe existir la “política de la zanahoria”, un plan de incentivo al recambio, a la nueva manera de pensar los espacios abiertos, al cuidado y al reciclaje del agua. Muchas de estas cosas existen en estas comunas del sector oriente de la capital, con ejemplos como la iniciativa “Saca tu pasto”, la prohibición de regar entre 10 y 6 de la tarde, o el proyecto “Plantemos Futuro”. Pero falta mucho. No puede decirse que entre nosotros se esté produciendo aún el cambio cultural, ese que solo será el resultado de comprender hasta qué punto estamos en riesgo, cuáles son las consecuencias que podríamos enfrentar, y qué tanta responsabilidad nos cabe a cada uno para lograr las metas que nos proponemos.

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