Compleja salida



Por Soledad Alvear, abogada

El problema de la invasión rusa a Ucrania es que es un camino demasiado difícil. Todo nace por una pretensión geopolítica de traernos de vuelta al siglo XX, o incluso más allá: pensar en resucitar el viejo poder zarista de un par de siglos atrás. En ese contexto, pareciera que las instituciones del sistema multilateral no pueden funcionar adecuadamente para parar la barbarie. Algunos argumentarán que éstas están atrasadas y se quedaron en la Guerra Fría; otros, que el problema se suscita en una acción bélica que tiene todos los ribetes de comportamientos previos a la modernidad y la adopción de las normas más básicas de derecho humanitario o el control de la guerra. Lo cierto es que no importando cuál de estas dos visiones prevalezca, Occidente y buena parte del mundo mira con estupor e impotencia el lerdo avance de las fuerzas invasoras.

Más allá de sus incompetencias castrenses, es el olvido absoluto del Derecho Internacional y Humanitario el que horroriza al mundo. Ataques sin contemplación a comunidades civiles, incluyendo niños, se ven agravados por la falta de un plan siquiera para el control de las tierras conquistadas. A su paso solamente traen caos y destrucción.

No contento con lo anterior, Putin y su régimen redoblan la apuesta en contra de la OTAN. Para sentarse a negociar piden absurdos. Saben que las contrapartes muy difícilmente pueden aceptar, incluyendo masivas concesiones territoriales. Por otra parte, las veladas amenazas del uso de armas nucleares o pensar en ataques más allá de Ucrania parecen paralizar a Occidente. Incluso, su actuar indica que quiere provocar al resto de Europa. La dictadura rusa tiene un objetivo final, a pesar de carecer de un plan real: pretende volver a las fronteras de 1991. Tienen una añoranza por la Guerra Fría. La diferencia es que, en vez de ser comunistas, en esta versión son nacionalistas de ultraderecha y altaneros frente a la comunidad internacional. Por si no fuera suficiente, consideran que Ucrania debe volver porque es la cuna de la madre Rusia.

Este es un camino complejo. Suponer que el conflicto está limitado a las atrocidades que ocurren a diario en Ucrania es erróneo. La estampida de civiles y familias completas a territorio de la Unión Europea ya se acerca a los dos millones. Esta es una catástrofe humanitaria de proporciones dantescas, que por cierto alguien tiene que financiar, mantener y ver qué hacer con todas esas personas desplazadas. La presión seguirá creciendo hasta que sea insostenible el statu quo actual. Todo indica que por ahí la crisis se conducirá, aunque también podría escalar por una movida en falso en contra de los países bálticos o Finlandia. Por más que duelan a la oligarquía rusa las sanciones económicas, a Putin y sus cómplices parece no llamarles la atención. Es más, se prepararon para los efectos. Es así como este es un camino muy difícil, a menos que un paso en falso termine la aventura militarista rusa. El mundo sigue atónito, y quizás solamente un milagro nos salve de un conflicto aún mayor. La paz debe prevalecer, aunque sea vea lejana en este momento.

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