Controversia por publicidad de la Convención

La instancia debe procurar que su estrategia comunicacional apunte a informar objetivamente a la población, y no a intentar mejorar su imagen ante la opinión pública.



La nueva estrategia comunicacional que ha implementado la Convención Constitucional debutó con una fuerte controversia luego de que se publicara un aviso en un medio escrito de circulación nacional. En dicho aviso se lee: “Convencional Constitucional. Estamos escribiendo la primera Constitución en democracia, representativa y paritaria de nuestra historia. ¡Por un Chile justo para todas y todos!”.

A medida que el debate constitucional está entrando en la recta final -ya hay más de 160 artículos que han pasado a ser parte del borrador final- resulta razonable que exista un trabajo de difusión respecto de los contenidos ya aprobados por el Pleno, así como de las principales materias que están siendo objeto de discusión. Esta labor es desde luego fundamental, porque de esa forma se contribuye a que la ciudadanía pueda emitir un voto más informado.

Pero tratándose de materias altamente sensibles y donde hay diversos puntos de vista en juego -todos perfectamente legítimos- resulta especialmente necesario que al momento de informar la Convención lo haga en forma objetiva y ecuánime, tal de que efectivamente se trate de insumos para la deliberación pública, y no para buscar abanderizar a la opinión pública en favor de tal o cual postura.

La forma en que ha debutado la estrategia comunicacional -ha existido consenso entre los propios convencionales que una de las principales debilidades del organismo ha sido la falencia para comunicar el trabajo de la Convención- dista de haberse apegado a estos principios, pues la pieza publicitaria en cuestión, antes que propender a divulgar información objetiva, más bien parece apuntar a mejorar la imagen de la Convención, correspondiendo a una suerte de propagandismo que resulta impropio, en especial cuando hay de por medio recursos públicos.

La puesta en marcha de estos contenidos aparece coincidentemente cuando se han dado a conocer distintos estudios de opinión que concuerdan en mostrar una pérdida de confianza ciudadana en la Convención, así como un creciente protagonismo de la alternativa Rechazo en el plebiscito de salida. Es un hecho que en las últimas semanas las voces críticas o que han tomado distancia de algunas de las normas ya aprobadas se han multiplicado, pero ello es parte de las dinámicas propias de cualquier proceso político, y la forma de revertirlo pasa porque la Convención rectifique ciertas prácticas o se abra a corregir el rumbo que ha tomado la deliberación.

La estrategia comunicacional de la Convención debe procurar que en su diseño participen todos los sectores en ella representados, para que refleje bien y objetivamente su quehacer. Incluso si esta publicidad fue financiada contra los fondos que la propia instancia hizo llegar al Consorcio de Universidades del Estado para que a través de su red de planteles se lleven a cabo los procesos de participación y difusión, ello no exime de la responsabilidad que cabe respecto del buen uso de los fondos públicos.

Resulta asimismo desmedido que la Convención se pretenda atribuir el carácter de pionera en cuanto a la redacción democrática de una constitución. Ello supone desconocer o relativizar el valor de los distintos procesos constitucionales que han tenido lugar en nuestra historia republicana, que respondieron a las circunstancias de cada época, ello sin perjuicio de que el proceso en marcha contempla elementos de participación inéditos, lo que ciertamente es un hecho muy valioso.

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