Correr el cerco



Por Hernán Cheyre, Centro de Investigación Empresa y Sociedad U. del Desarrollo

La idea de que para lograr avances significativos es necesario “correr el cerco” se ha instalado con bastante fuerza. Suena bien, pero para que el instrumento no desafine al momento de ejecutarlo es necesario no olvidar la función que desempeña un cerco: delimitar lo que es propiedad de uno de lo que es de otro, concepto que se hace extensivo a funciones, responsabilidades y obligaciones en las más diversas materias. En los tiempos que corren, hay muchos entusiasmados en “correr el cerco”, y ello es plenamente legítimo. Pero, lamentablemente, estos mismos entusiastas están haciendo caso omiso de las reglas ya establecidas para poder hacerlo.

Entre los casos recientes más emblemáticos destacan los retiros de los fondos previsionales y las propuestas para continuar avanzando en esa línea, a pesar de que una norma constitucional señala que la iniciativa exclusiva para “correr el cerco” en esta materia recae en el Presidente de la República; la iniciativa para permitir un nuevo “anticipo” a quienes se encuentran pensionados bajo la modalidad de renta vitalicia, que no solo incurre en el mismo error del caso anterior, sino que lo agrava al expropiar recursos que son de propiedad de las compañías de seguros, traspasándose ese cerco sin efectuar ninguna compensación, e introduciendo un serio riesgo de insolvencia que sería fatal para los propios pensionados; y, por último, la propia Convención Constitucional encargada de proponer al país una nueva Carta Magna respetando “cercos” consagrados en el mismo texto constitucional que le dio vida, no trepida en saltarse estos límites.

La existencia de límites y de reglas del juego claras y objetivas es fundamental para el adecuado funcionamiento de un sistema democrático, así como de una economía que crece, genera puestos de trabajo y contribuye a mejorar la calidad de vida de la población. ¿Cómo se va a fomentar la inversión y el empleo, si empiezan a demolerse principios básicos que están “corriendo el cerco” de lo que es un estado de derecho, sin respetar las reglas básicas? ¿Cómo hacer que nuevos emprendedores se atrevan a innovar, si los cimientos fundamentales empiezan a tambalear? No es esta la forma en la que avanzan los países, y sobran ejemplos para ilustrar lo que ocurre cuando se empieza a retroceder. De persistirse en esta senda, el talón de Aquiles de la economía chilena, que es la pérdida en el potencial de crecimiento, seguirá con su flanco descubierto, y difícilmente se va a lograr crecer a una tasa superior al aumento de la población. En el camino se habrán corrido algunos cercos, pero el cerco fundamental de remover, que es el del subdesarrollo, seguirá en su lugar, si acaso no empieza a desplazarse en la dirección opuesta.

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