Leonardo Hernández

Leonardo Hernández

Director alterno ClapesUC y profesor asociado E. Administración UC

Opinión

Criptomonedas: ¿La moneda del futuro?


La revolución en tecnologías de la información no sólo ha alcanzado niveles hasta hace poco inimaginables, sino avanza a una velocidad tal que cuesta estar al día de los nuevos desarrollos y aplicaciones. Un ejemplo de lo anterior son las llamadas criptomonedas: monedas virtuales que se producen por algún algoritmo computacional (que para la gran mayoría resulta una caja negra), sin control de ningún Estado y cuyos valores son muy volátiles. Por ejemplo, el Bitcoin, que se introdujo en 2009 y no tuvo valor hasta marzo de 2010, se transó en promedio en casi US$ 5 en abril de 2012. Su valor promedio superó la barrera de los US$100 un año más tarde y la de los US$ 1,000 en noviembre de 2013. Luego cayó y no volvió a superar esa marca hasta febrero de 2017, llegando sobre los US$13,000 en diciembre de ese año – ¡el 16 de diciembre alcanzó los 19 mil! Hace una semana se transaba en  alrededor de US$6,900 y hoy está en US$8,000. Imagine las ganancias (pérdidas) si hubiese comprado a US$ 5 (19 mil).

Lo anterior ha significado que distintas autoridades hayan llamado a la precaución a los inversionistas – en Chile tanto el Banco Central como el Comité de Estabilidad Financiera (del cual el Instituto Emisor forma parte) han hecho lo propio – o incluso amenazado con restricciones a su uso (Corea, China). En días recientes tres bancos de la plaza (BancoEstado, Itaú-Corpbanca y Scotiabank) cerraron las cuentas bancarias de empresas dedicadas a la compra-venta de estas monedas. Estas últimas acusan que se les quiere sacar del mercado, por cuanto las criptomonedas permiten hacer transacciones (internacionales) a bajo costo a quienes no están bancarizados. Sin querer discutir los méritos legales de las acciones,  cabe aclarar qué son las criptomonedas y por qué la creciente preocupación.

Cualquier bien homogéneo y duradero que sirva como unidad de cuenta y que sea aceptado como medio de pago puede ser usado como dinero;  se puede pagar con él porque otros lo reciben al intercambiar bienes y servicios. Se trata entonces de una profecía autocumplida el dinero tiene valor porque con él se puede pagar por bienes y servicios, pero esto depende de que quienes lo reciban crean que podrán hacer lo mismo. La confianza en la moneda persiste mientras nadie desconfíe y quiera deshacerse de ésta – a esto se le llama burbuja, algo que existe mientras nadie la ´pinche´ o reviente. Lo anterior es particularmente cierto en el caso del papel moneda, que ¡no es otra cosa que papel con tinta! 

Precisamente porque hay un problema de confianza pública es que los Estados han regulado la emisión de papel moneda y se preocupan de preservar su valor manteniendo inflaciones bajas y estables. El Estado es el receptor último del dinero emitido por él mismo (no puede rechazar el pago de impuestos con dinero legalmente emitido por él). Y lo mismo ocurre con el dinero bancario (cheques) cuya credibilidad se sustenta en la reputación del banco emisor y en la regulación y supervisión que ejerce el Estado (cabe recordar que el giro doloso de cheques tiene pena de cárcel).

En este contexto cabe destacar que las criptomonedas son una creación de privados cuyo valor radica en la confianza que los inversionistas tengan en la moneda, pero no hay (todavía) un marco legal ni regulatorio que afecte su uso y emisión. Así las cosas, la fe pública en las criptomonedas no está protegida por algún Estado o entidad supranacional y las posibles pérdidas que puedan ocurrir, ya sea por fluctuaciones de precio (cambios en la confianza de los agentes), robos o estafas causadas por hackers o los mismos creadores de las monedas virtuales (desaparición del sitio web respectivo), son de responsabilidad exclusiva de los inversionistas.

En suma, estamos frente a un fenómeno nuevo, de muy difícil regulación y supervisión por parte de los Estados (se requeriría la acción coordinada de muchos países), que avanza y/o cambia muy rápidamente y de naturaleza esencialmente especulativa. Por lo mismo y mientras la reputación de quienes crean dinero virtual no se consolide, es altamente recomendable proceder con cautela. No hay ninguna garantía para los resultados de invertir en criptomonedas, pudiendo los precios fluctuar entre cero y cualquier número positivo imaginable.

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