Crisis climática, social y empresas

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La crisis climática y la desigualdad son dos caras de una misma moneda.  Es un hecho que los países más ricos no son sólo quienes generan más contaminantes que afectan al planeta, sino también quienes logran adaptarse más exitosamente a los nuevos escenarios que presenta el calentamiento global. Una realidad que difiere de lo que vive gran parte de la población, donde la crisis ambiental azota de manera desgarradora a los más pobres, aumentando cada vez más el desafío de sobrevivencia.

Ejemplos de esto hay de sobra: el continente africano contribuye con menos de un 5% de las emisiones mundiales, pese a estar sufriendo los mayores impactos de una crisis mundial; un habitante de país rico puede emitir 38 veces más CO2 que uno de un país más pobre, así como las emisiones per cápita de CO2 de América Latina son de alrededor de un tercio de las de Europa o Estados Unidos; según el informe de Philip Alston, relator de Naciones Unidas, en una década más serán cerca de 120 millones de personas las que se sumarán a la línea de la pobreza producto del cambio climático.

Las brechas entre los países de mayor y menor rendimiento económico siempre han existido. Según el estudio "Procedings of the National Academy of Sciences", ésta es un 25% más grande producto del calentamiento global y, lamentablemente, puede seguir aumentando si no somos capaces de ponernos las pilas por frenar el daño que hemos provocado en esta explotación desmedida por nuestros recursos. Y es en este último punto donde debemos poner acento a nuestro trabajo, diciéndole adiós a un modelo lineal, que nos ha llevado a poner en riesgo nuestra propia casa, y dar pie al modelo circular.

Durante años el foco de las distintas empresas estuvo en producir en grandes cantidades y al menor costo posible para maximizar ganancias, por lo que la creatividad estuvo localizada en los equipos que buscaban crear nuevos bienes y servicios, a toda costa. Este modelo caducó. La realidad del planeta y lo que piden las nuevas generaciones es poner mayor energía, imaginación y recursos económicos, en crear soluciones completas, que consideren tanto el producto como el destino que tendrá éste cuando su primera vida útil diga adiós.

Actualmente esta mirada sustentable es un "desde" para las empresas que deseen mantener legitimidad en el tiempo ante una ciudadanía que exige altos estándares de comportamiento, tanto en su relación directa como consumidores, como también desde el rol que el privado tiene con el entorno.

Iniciar un nuevo año es momento ideal para replantearse, renovarse y ponerse metas ambiciosas, algo que debe aplicarse también en las distintas compañías, donde se requiere que hagamos cambios rápidos en la forma de plantear el negocio es pos de cuidar el medioambiente y, por consiguiente, de la calidad de vida de todos.

Las empresas B hicimos eco a la necesidad de apurar el tranco y,  nos comprometimos a la carbono neutralidad para el 2030, siendo la gran meta con la que partiremos este nuevo año. Pero no podemos ni debemos estar solos en esta pelea.  Si requiere tiempo hay que tomárselo, pero poco, porque esto es urgente. Si requiere inversión, hay que entender que es eso, y no un gasto. Pero por sobretodo hay que hacerlo, porque si durante mucho tiempo las empresas hemos sido parte del problema, hoy debemos ser parte de la solución.

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