Cuidemos Chile: proceso constituyente y familias




Lieta Vivaldi, Directora Programa de Género, Derecho y Justicia Social, Facultad de Derecho UAH

El confinamiento y la crisis económica han relevado aún más el rol de las familias y los hogares para sostener la vida: las falencias del Estado son cubiertas por el trabajo invisible de las mujeres, que nos hacemos cargo de las labores de cuidado, y lo hacemos gratis. Porque es la familia la que cuida a esa persona que se enfermó, pero quedó en lista de espera, o fuera del sistema de salud, a la que no llega a fin de mes porque perdió el trabajo y a las niñas, niños y adolescentes que no pueden ir al colegio.

Los cuidados entendidos como todas aquellas actividades para sostener la vida son indispensables: la infancia, las personas enfermas, adultos mayores, las labores domésticas cotidianas, cuidar la tierra y ecosistemas. Pero han sido históricamente invisibilizados y resueltos en la esfera privada, con las injusticias de género que ello acarrea. A este tema esencial no se le ha dado el nivel de importancia que tiene a nivel nacional ni se ha establecido alguna política que nos permita seguir.

Es un dilema ético tener una vida “normal” cuando el mundo está viviendo una pandemia sin precedentes. La productividad, tan típica del modelo neoliberal, no afloja ante una situación en la cual no hay cómo compatibilizar todo. Lo anterior afecta de diversas formas a las personas: hay un altísimo porcentaje de mujeres que, al quedar sin trabajo remunerado, no pudieron pensar en buscar uno nuevo, ya que, por las labores de cuidado es imposible. Constanza Michelson ha planteado que “es absolutamente imposible en cuarentena trabajar y hacer clases online, por horario, qué haces con dos o más niños que se tienen que conectar a la misma hora. ¿Qué se hace si no hay más de uno o ningún computador? ¿Si no hay internet?”.

En la actual Constitución encontramos una serie de elementos problemáticos. Por ejemplo, se le otorga a la familia el rol de “núcleo fundamental de la sociedad”, pero no se reconoce su diversidad, en un país en el que cada vez existen más familias monoparentales y homoparentales. Se otorga a “los padres” el derecho y deber preferente de educar a sus “hijos”, pero el Estado no garantiza la educación sexual y reproductiva. No se reconocen las labores no remuneradas de cuidado a la hora de regular el derecho a la seguridad social.

El proceso constituyente es una oportunidad histórica para avanzar en una serie de elementos y derechos que influyen en la forma en que funcionan las familias como los cuidados, la salud, el trabajo, la no discriminación, los derechos sexuales y reproductivos o los deberes del Estado. Pensemos en formas comunitarias de organizar la sociedad y abramos el debate hacia la radicalización de la democracia. Construyamos una vida que merezca la pena y protejamos la manera en que nos sostenemos en el mundo. Pongamos el cuidado al centro del proceso constituyente.

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