Hay libros que no solo valen por sí mismos, sino también por la trayectoria de quien los escribe. Es el caso de "La democracia necesita defensores", de Sergio Muñoz Riveros. Su autor es un profesor universitario, columnista y analista político con varios libros a su haber. Su pasado es notable. Fue comunista hasta los años ochenta y sufrió la experiencia de ser prisionero político en 1975 y 1976, para después partir al exilio a Holanda. Fueron años dolorosos, en los que hizo una reflexión profunda, que lo llevó a descubrir esa democracia de la que una vez fue adversario en nombre de una utopía que causó millones de víctimas en todo el mundo.

Con esos antecedentes y con su preparación intelectual, Muñoz Riveros constituye un observador privilegiado del acontecer político chileno, alguien que nos puede dar una respuesta a la inquietante pregunta: "¿qué nos ocurrió el 18 de octubre pasado?"

Su respuesta es clara, aunque incomodará a muchos. Lo que sucedió ese día no fue la manifestación de un anhelo de justicia social. La genuina justicia impone exigencias, ciertas fronteras que una persona con convicciones democráticas y un mínimo sentido de la dignidad humana jamás puede transgredir. Ese día, la democracia misma fue atacada; se cuestionó la capacidad de convivir pacíficamente entre personas en una sociedad.

En efecto, resulta imprescindible distinguir nítidamente entre las manifestaciones de malestar -legítimas en una democracia-, y la agresión político-delictiva que hemos presenciado en estos meses. Ella consiste en una combinación entre diversas fuerzas anárquicas, delincuentes y bandas ligadas al narcotráfico que solo busca empujar al país hacia el desgobierno y provocar un quiebre institucional. No tener en cuenta esas dos realidades tan diferentes lleva a realizar análisis parciales, que no dan cuenta a cabalidad de los problemas que enfrentamos.

En este contexto, resulta muy inquietante el desapego de amplios sectores juveniles respecto de los fundamentos institucionales de una vida en libertad, y las exigencias que ella trae consigo. Parte importante de la responsabilidad en este estado de cosas está en la actitud demagógica de algunos políticos, académicos y periodistas. De manera frívola e inmadura, buscan congraciarse a toda costa con los jóvenes y celebran sus actuaciones independientemente de su contenido.

Las consecuencias son graves: hoy Chile es un país más pobre, menos cohesionado y mucho más inestable. Asimismo, hemos presenciado graves violaciones tanto a los derechos humanos de miembros de Carabineros como también de manifestantes. Esto es inaceptable.

¿Cuál es la conclusión más importante de la lectura de estas páginas? Lealtad a la democracia. Sin ella, no podremos enfrentar el plebiscito de abril ni responder responsablemente a tantas demandas sociales que piden una solución. La obra de Muñoz Riveros y su propio ejemplo de vida constituyen un valioso aporte en esta dirección.

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