De lo bueno y de lo no tan bueno



En las últimas semanas ha comenzado la masiva vacunación de chilenos. En esto el gobierno merece aplausos. La previsora política de contratar suficientes vacunas para todos con anticipación se une a la experiencia que tiene el sistema chileno de salud, tan vilipendiado por estos días, en el ámbito la salud pública. Chile será uno de los pocos países emergentes que logrará vacunar a un 80% de su población en el primer semestre de este año. Gran logro. El gobierno también lo hizo bien preparándose para la pandemia, al adquirir suficientes ventiladores para que no enfrentáramos el terrible dilema de “la última cama” y unificando el uso de las UCI, públicas y privadas, en manos del Ministerio de Salud.

Pero estos días también nos han traído noticias de políticas verdaderamente vergonzosas. Nos creíamos un país acogedor de extranjeros cuando ellos requerían asilo humanitario. Tenemos una crisis en la frontera norponiente, en Colchane, con el ingreso diario de un gran número de venezolanos indocumentados, incluyendo niños. ¡Muchos de ellos han hecho buena parte del trayecto entre Venezuela y el norte chileno a pie! ¿La respuesta de nuestras autoridades? “Se acabó el chipe libre”, anunció el ministro de Relaciones Exteriores. Se está deportando a muchos de ellos, acompañados a los aviones que los llevan de regreso a Venezuela por funcionarios, y en overoles blancos, como si estas personas fuesen apestosas. ¿Dónde quedó nuestra hospitalidad? ¿Se preguntaron las autoridades, el propio ministro de Relaciones Exteriores, qué va a ser de ellos?

Venezuela es hoy un infierno: un narco estado que viola los derechos humanos impunemente, no hay trabajo, no hay alimentos ni medicamentos, la inflación se mide en los millones de por cientos al año. En el país con las mayores reservas de petróleo del mundo, las principales ciudades se quedan sin electricidad durante largas horas todos los días. El Presidente de la República ha dicho en repetidas oportunidades que Chile recibe con los brazos abiertos a aquellos que vienen a trabajar y a vivir en paz. Estoy seguro que estas personas creían que iban a encontrar en Chile justamente eso. Este trato indigno para hermanos latinoamericanos en su momento más grave es difícil de entender. La honra de Chile está en juego.

El contraste con la política colombiana es una lección de humanitarismo que haríamos bien en copiar. Colombia ha recibido a 2 millones de venezolanos, les ha dado visas de inmigrantes, acceso a la salud y la educación, sin preguntarse por el costo. Mientras Venezuela acogió a millares de chilenos durante la dictadura, nosotros estamos devolviendo a unos pocos de sus ciudadanos en su hora de mayor necesidad.

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