De nosotros también depende



Por Verónica Munita, periodista

Frente al actual escenario, la opción es quedarse esperando el plebiscito de salida para rechazar o hacer sentir nuestra voz apoyando iniciativas que nos hagan sentido.

Para quienes han estado dentro de la Convención los casi seis meses que lleva instalada, los vientos de cambio radical se han dado desde un inicio y a todo nivel.

Si bien desde fuera nos hemos centrado en escándalos como el caso Rojas Vade, los disfraces, el aumento de las asignaciones y la injustificada defensa de la violencia desde el primer día de su instalación, lo cierto es que en las discusiones del día a día se han visto muchas más señales que muestran cómo podría configurarse el nuevo texto constitucional.

Por ejemplo, en la Comisión de Reglamento se negaron a incluir en el listado de derechos algo tan básico y transversal como la libertad de enseñanza y el derecho preferente que tenemos los padres de educar a nuestros hijos. Convencionales ultra ecologistas han levantado banderas contra los embalses (en medio de la peor sequía que nos azota). En la de medio ambiente, derechos de la naturaleza, bienes naturales comunes y -nótese en último lugar- modelo económico, se ha mostrado empecinados porque el objetivo principal sea garantizar todos los derechos de la naturaleza, y si para eso hay que terminar con las actividades económicas extractivistas y los monocultivos, todo se justifica por la madre tierra. Por eso es que algunos han propuesto el decrecimiento como mejor opción, sin importar el costo que significaría para el bienestar de tantos y otros aparecen todos los días con carteles contra el TPP11.

Este menosprecio por el crecimiento se contrapone a la exigencia de que el Estado financie todo tipo de prestaciones sociales. Pero nadie se pregunta cómo ni de qué manera se podrá lograr, porque en la mayoría de los convencionales hay un tremendo desconocimiento de lo que es una Constitución y para qué sirve.

Por eso se ha perdido tiempo en muchas discusiones que no han tenido nada que ver con temas relacionados con lo que es la redacción de un texto tan fundamental como éste y ahora ven que no les alcanzará el tiempo.

En medio de este panorama, los ciudadanos preocupados por el futuro de nuestro país tenemos dos opciones: o quedarnos de espectadores hasta poder rechazar en el plebiscito de salida, con una opción de gran riesgo, considerando que el 80% del país no quiso seguir con la actual Constitución y que el presidente electo con gran votación se jugará por lograr su aprobación, o bien, aprovechar la valiosa instancia de participación con que hoy contamos y que es una oportunidad que no podemos dejar pasar para hacer sentir nuestra voz.

En la plataforma de la Convención existen varias iniciativas populares de norma que pueden mostrar a los constituyentes que existe una ciudadanía que los está mirando y que está preocupada por sus derechos y libertades.

Hasta el momento, hay tres iniciativas que ya alcanzaron las 15.000 firmas requeridas. La primera busca garantizar el aborto libre, atentando contra el primer derecho de una persona que es el de la vida; la segunda protege nuestros ahorros previsionales, y la tercera, va por la libertad de culto. Esto ha echado por tierra los augurios que vaticinaban que ninguna de las propuestas alcanzaría la exigencia mínima al próximo 1° de febrero.

Como ciudadanía, tenemos que demostrar que podemos movilizarnos y conseguir las 15.000 firmas en aquellas iniciativas que nos hagan más sentido, mostrando que nuestro país es mucho más que aborto, que necesitamos crecer y seguir progresando, tener libertad de enseñanza y que los padres podamos elegir dónde estudien nuestros hijos.

Existen movimientos organizados con buenas iniciativas en búsqueda de firmas, como www.sacalavoz.cl o www.educacionlibreydiversa.cl. De nosotros depende el futuro de Chile.

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