Definiciones de la centroizquierda en la carrera electoral

De izquierda a derecha: Paula Narváez (PS), Yasna Provoste (DC) y Carlos Maldonado (PR)

Si bien la entrada de Yasna Provoste a la contienda presidencial entrega nuevos bríos a la centroizquierda, todavía no está claro si este sector logrará marcar una clara diferenciación con la extrema izquierda.




El anuncio que hizo ayer la presidenta del Senado, Yasna Provoste, para aceptar una candidatura presidencial, ha configurado un nuevo escenario en el mundo de la centroizquierda. Como militante de la Democracia Cristiana, su presencia viene a llenar un notorio vacío, pues el Partido Socialista y el Partido por la Democracia ya habían convergido en la figura de Paula Narváez, mientras que el Partido Radical también tiene su propio abanderado. Habría resultado extraño que la falange hubiese quedado fuera de la competencia, en especial cuando en la reciente elección de alcaldes, concejales y sobre todo gobernadores regionales, la DC mostró que aún tiene capacidad de movilizar votos.

Había dudas de si la Unidad Constituyente (UC) lograría articularse en torno a una sola figura, pero la decisión anunciada ayer en cuanto a que el nombre se zanjará en una consulta o primaria ciudadana -restando por definirse si será mediante modalidad presencial o electrónica- debería facilitar el proceso y bajar el nivel de tensión, considerando que algunos no descartaban terminar resolviéndolo en primera vuelta.

Es un hecho que las dos cartas que hasta ahora tenía la UC no han logrado motivar las preferencias de los electorados, por lo que la entrada de Provoste inyecta algo de dinamismo en este conglomerado. Además del atractivo que representa ser una de las pocas mujeres que compite a la presidencia, así como también su origen diaguita, fue el rol institucional que Provoste jugó en la delicada crisis política que se produjo a raíz de las tensiones por las ayudas sociales -articulando puentes que permitieron destrabar la situación- lo que probablemente contribuyó a posicionarla rápidamente como una posible carta presidencial, pues en tiempos turbulentos el electorado tiende a buscar opciones que aseguren más estabilidad y capacidad de diálogo.

En el discurso de aceptación que pronunció ayer en la región de Atacama, intentó buscar una diferenciación con los grupos más extremos. “Aquellos que queremos transitar en paz, aquellos que queremos transformaciones profundas para nuestro país somos muchos más que aquellos que solo se dedican a gritar y creen que la violencia puede resolver las dificultades de nuestro país”. Se trata de una definición valiosa en el contexto actual, pues llevar a cabo cambios profundos, pero sin violencia o debilitamiento de la institucionalidad aparece como uno de los grandes desafíos que enfrenta la política, una oferta que puede resultar atractiva sobre todo para el electorado que se identifica más con el centro político.

A pesar de que Provoste ha tratado de presentarse como una candidata “ciudadana”, intentando bajar el perfil a su militancia DC, sus rivales explotarán este punto. Se le intentará hacer aparecer como la candidata de los partidos tradicionales, de aquellos ligados a la herencia de los “treinta años”, sin representar una genuina renovación. El perfil fuertemente progresista de Provoste puede sintonizar con grupos más anclados en la izquierda, pero abjurar del legado concertacionista e insistir en cambios radicales también la alejarían de los sectores más de centro. Ese mismo dilema lo enfrentan todas las candidaturas de la UC, por lo que quien más hábilmente lo maneje afianzará su liderazgo.

Hay otra debilidad que cruza a todas estas candidaturas y es la falta de estructura que brinda la UC. Su falta de orgánica, de orientaciones programáticas comunes y sin claridad de cuánto más a la izquierda pretende instalarse abre un evidente riesgo de que, a pesar de las maquinarias de cada partido, la fuga de votos ya sea hacia el centro o hacia más a la izquierda sea un riesgo latente. El hecho de que la centroderecha haya logrado instalar a un independiente como Sebastián Sichel más en el centro, y que Gabriel Boric desplazara al Partido Comunista, representando una opción menos radicalizada, deja a todas las candidaturas de UC en un margen estrecho en cuanto a su potencial de crecimiento electoral.

Con todo, es una buena noticia para el país que la centroizquierda intente jugar sus cartas en esta elección, pero su gran dilema seguirá siendo cuánta diferenciación logrará respecto de los sectores más extremos de la izquierda. Conviene tener presente que el Partido Socialista estuvo dispuesto a pactar con el PC/Frente Amplio en las recientes primarias, lo que no fue posible por el veto comunista a que también participara el PPD y otras fuerzas progresistas. Si en definitiva se hace indistinguible de los planteamientos del Frente Amplio, la centroizquierda corre un alto riesgo de terminar diluida.

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