Del “estallido” social a la articulación política

MANIFESTACIONES EN PLAZA ITALIAMARCHA HISTORICA

FOTOS: PATRICIO FUENTES Y./ LA TERCERA


El 18 de octubre irrumpió una fuerza social no articulada políticamente; una fuerza, de hecho, que se felicitaba de no estar articulada. Es que la experiencia de movilizaciones anteriores había enseñado a desconfiar de toda articulación, de toda representación.

Esta falta de articulación política es una dimensión más de la crisis de legitimación actual. Es la crisis creada por la operación normal de las instituciones creadas por la Constitución tramposa y por la cultura política que floreció bajo ella. Esto ha significado la erosión completa de la legitimación no de esta o de aquella forma institucional, sino de la idea misma de representación política.

Pero esta falta de articulación política no fue grave en el primer momento, el momento de la negatividad: el del "no más": no más abusos, no más neoliberalismo, no más AFP, no a la Constitución de 1980. Pero se hace crítica en el segundo momento, el de la positividad: el momento en que hay que decir "sí" a una Constitución alternativa, etc. Hoy, en camino al plebiscito de abril, estamos transitando entre el momento de la negatividad y el de la positividad. La pregunta fundamental hoy es si la fuerza social que actuó en la negatividad y así hizo posible el proceso constituyente podrá articularse para tener incidencia en la positividad.

Esta necesidad explica el surgimiento de diversas iniciativas organizativas, de carácter más o menos instrumental, orientadas a hacer posible la participación formal, en elecciones y en la convención misma, de quienes hoy no están dispuestos a ser representados por los partidos políticos tradicionales.

No sabemos si tendrán éxito, pero sí que lo que depende de eso es considerablemente importante: si ninguna de ellas logra su objetivo y la fuerza social que ha "estallado" no encuentra el modo de incidir, la legitimación del proceso constituyente y la nueva Constitución será escasa.

No es tarea fácil: los plazos son especialmente apretados y el contexto de desconfianza actual reducen las posibilidades de éxito, como acaba de constatarlo el Partido por la Dignidad. La pregunta es cómo, en ese contexto, lograr credibilidad. Eso a mi juicio depende de la capacidad anticipatoria de la organización en cuestión: debe hacer transparente que es una organización del tiempo post-18 de octubre, no del antiguo régimen. Y no bastará decirlo. Esto quiere decir, por ejemplo, que su forma de organización y acción (su "orgánica"), las personas que lo conforman, el espacio que hay en él para la organización territorial que hemos visto florecer con rapidez desde el 18 de octubre, etc., deben transmitir la idea de horizontalidad, de participación democrática, de transparencia, etc. Nunca fue más verdad que el medio es el mensaje. Solo cuando se logre transmitir este mensaje, el contenido en el medio, habrá espacio para ese otro mensaje, el de las ideas políticas, de una visión constituyente que se tratará de defender.

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