Después de plaza Baquedano



Más allá de visibilizar las demandas legítimas y urgentes por reformas radicales que garanticen mayor justicia social en Chile, el costo del estallido en términos de vidas, mutilaciones, destrucción de bienes públicos y barrios este año ha sido pavoroso. Según el Indh, desde el 18/O se han cursado más de 2.520 querellas por violaciones a los derechos humanos, de las cuales 460 son menores y adolescentes, y 53 personas que sufrieron estallido ocular o pérdida de visión por elementos percutados en su mayoría por agentes de seguridad del mismo Estado, entre los cuales también figuran 4.817 Carabineros heridos.

Por otro lado, miles de comerciantes y vecinos viven aterrados por el saqueo, incendios, vandalismo y descontrol de grupos antisistémicos que ven en la violencia la única forma de vida. Perdidos en un juego fratricida de provocaciones mutuas con Carabineros que parece no terminar pese a las demandas por reformas institucionales y la canalización del conflicto por la vía democrática.

¿Por qué insistir en esta lucha simbólica y física por el espacio público? ¿Por qué reclamar majaderamente la ocupación de Plaza Baquedano, intervenirla y cambiar su nombre a “dignidad”? El simbolismo de este espacio único de la capital viene cimentado desde mediados del siglo pasado con la frase popular “de Plaza Italia para arriba, o para abajo”, que identificaba el límite de barrios acomodados de Santiago Oriente con el resto de la ciudad, reconociendo en sarcasmo las evidentes dinámicas de segregación socioespacial urbana que en parte están en el corazón del estallido.

En este contexto de enfrentamiento continuo y crónico -tangible e intangible- en plaza Baquedano y muchas otras plazas de nuestras ciudades, si realmente aspiramos a recuperarlas para la vida social en paz será clave no solo pesquisar el cómo se establecen los protocolos y “rules of engagement” para establecer el orden público, o el diseño de estos espacios una vez establecida la tan añorada paz social, sino también, el sentido que le daremos al espacio público en el proceso constituyente.

Tiempo atrás, el decano de Arquitectura del MIT, Hashim Sarkis, se preguntaba: ¿Qué forma debe asumir un espacio público en una sociedad pluralista cuando la naturaleza de lo “público” es motivo de controversia? Sarkis adelanta que en caso de una democracia pluralista -como la chilena- la recuperación o reconstrucción más efectiva ocurrirá cuando se reconozcan las condiciones sociopolíticas específicas y grupos sociales que permitan a cada contexto, a cada problema, el potencial de generar soluciones únicas e innovadoras.

Un camino que se ha insinuado y es de interés de La Moneda es invitar a los municipios, vecinos y organizaciones sociales que participaron en el proceso de remodelación de Plaza Baquedano luego del concurso de 2015 a que lideren, retomen y actualicen el proyecto ya avanzado para convertir la rotonda en un espacio de conmemoración. Estas soluciones constituirán una forma más válida de identificar diferentes culturas en formas más productivas y ricas de representación, más allá de los agotados discursos del nacionalismo, el populismo o la violencia.

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