Rolf Lüders

Rolf Lüders

Economista

Opinión

Dos pájaros y un tiro


El gobierno prevé una tasa de crecimiento económico del 4,1 por ciento durante 2018 y del 3,8 por ciento promedio para los cuatro años de su mandato. Es cierto que esta última tasa más que duplica la tasa de crecimiento del gobierno anterior, pero es similar -y posiblemente incluso algo menor- que la tasa de crecimiento económica que se espera tenga el mundo en igual período. Chile puede crecer a tasas mayores y así lo espera el electorado.

La OCDE ha declarado que Chile -gracias al tipo y calidad de sus instituciones y al comercio libre- ha superado la trampa de los países de ingreso medio. Se trata de un fenómeno que se caracteriza porque países con un buen desempeño se estancan relativamente una vez que superan un ingreso superior a los US$ 12.000. Los gobiernos no pueden controlar el gasto corriente, lo que se traduce en una baja de las inversiones y por ende del crecimiento.

A pesar de lo anterior, es un hecho sabido y preocupante que el crecimiento tendencial de Chile ha ido disminuyendo desde fines de los años 90 a una tasa que probablemente exceda aquella implícita en el proceso de convergencia que normalmente se espera de parte de los países de menores ingresos. ¿Cuál es la causa de esta disminución y cómo se puede revertir?

Los países aumentan su PIB per cápita cuando asignan mejor sus escasos recursos, progresan tecnológicamente, y/o se capitalizan (aumentan su stock de capital -físico y humano- por persona). El país debe seguir haciendo esfuerzos por invertir más en educación y desarrollo tecnológico, pero consciente que se trata de acciones con rendimientos a muy largo plazo. También debe realizar con urgencia las modificaciones legales y reglamentarias menores necesarias para agilizar la ejecución de proyectos, pero no esperar que ello altere sustancialmente el cuadro actual.

Lo que sí puede acelerar significativamente el crecimiento de Chile a mediano plazo es un proceso de reforma del Estado, que aumente sustancialmente la productividad en un sector que representa más del 25 por ciento del Producto, y la toma simultánea de medidas que abran nuevas posibilidades de inversión para el sector privado.

Afortunadamente, la inversión con frecuencia viene acompañada de innovación tecnológica, de modo que con ella se matan dos pájaros con un mismo tiro. En el pasado no tan lejano, la inversión se incentivó -y el crecimiento económico se aceleró- creando las instituciones que permitieron atraer, sin subsidios ni privilegios, cuantiosas inversiones en los sectores eléctrico, de comunicaciones, concesiones viales, educación, salud, etc. Algo similar se podría hacer hoy en transportes, en riego, y en otras áreas por identificar.

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