El acuerdo improbable



Por Roberto Méndez, Escuela de Gobierno UC

Resultó conmovedor escuchar al joven alcalde de Valparaíso llamando a conformar “un gran acuerdo” para salvar nuestro alicaído puerto patrimonial. Es que tiene razón al afirmar que, sin el concurso de los vecinos, de los empresarios, de la sociedad civil, no habrá solución para la persistente decadencia del puerto, que la pandemia, la crisis social y el desplome de la economía solo han venido a agravar y profundizar. 

Lo anterior, apareció en la iluminadora entrevista que Cristián Warnken hiciera al alcalde Sharp en el ciclo que, “vía zoom” (como ya casi todo en la vida), está desarrollando Icare. El llamado al acuerdo del alcalde quedó dando bote y el sagaz entrevistador no lo dejó pasar. 

Preguntó, con elegancia, por la “aparente” contradicción entre este llamado y su conducta en otro acuerdo, el más importante alcanzado por nuestro sistema político en el último año, el denominado “Acuerdo por la Paz Social y una nueva Constitución” (25 noviembre). En esa madrugada, hay que recordarlo, Sharp y otros dirigentes de “Convergencia Social” y del Frente Amplio se marginaron, se retiraron del partido y pasaron a su compañero Gabriel Boric al Tribunal Supremo; todo, por haber tenido la audacia de participar en un… (Dios nos libre) acuerdo.

No es el único caso. En junio, en base a la propuesta de 16 economistas convocados por el ministro de Hacienda y el Colegio Médico, se logró otro “gran acuerdo”, esta vez un agresivo plan para enfrentar la pandemia dentro de un marco fiscalmente responsable. El mundo político sesionó en maratónicas jornadas en el Congreso hasta la madrugada del domingo (14 de junio). Concurrió el PS, PPD, DC con los representantes del oficialismo. Al amanecer, proclamaron solemnemente lo que se denominó “Plan Económico de Emergencia”. Los rostros transmitían genuina emoción, los ciudadanos respiramos esperanzados.

Han pasado menos de 60 días y el acuerdo ya no existe, o está tan confuso que resulta irreconocible. El primer proyecto del paquete, un estímulo tributario, fue rechazado por los mismos senadores que antes celebraban el acuerdo (6 de agosto). Un senador de oposición, interrogado por esta contradicción, respondió, alzándose de hombros, “el contexto ha cambiado”.

Es como si de pronto la posibilidad de acuerdos hubiera desaparecido de la política chilena. Ya sea porque no es posible alcanzarlos o, lo que es peor, porque una vez alcanzados no se cumplen. Y sin ellos, lo sabemos, las bases del sistema político democrático se destruyen. Sin acuerdos vinculantes, lo que impera es la ley del más fuerte.

Un acuerdo queda en pie, y es el que diseña el camino para una eventual reforma de la Constitución, quizás la última posibilidad de alcanzar precisamente ese gran acuerdo que a todos represente, a todos nos proteja y a todos nos vincule. Tengo esperanza que, esta vez, contra toda evidencia, este acuerdo se cumpla. Más nos vale.

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