Por Cristián ValdiviesoEl alcachofazo laboral

Recién en septiembre el gobierno pareció haberse pegado el alcachofazo con el empleo. Después de meses hablando de reformas, incentivos e inversión, anunció una intervención estatal de mayor escala para crear trabajo, lejos del énfasis inicial del equipo de Hacienda. “Chile Despega” contempla acelerar obras públicas, subsidiar contrataciones y apoyar a empresas. El anuncio reconoce algo que Hacienda había dejado en segundo plano: difícilmente la ciudadanía aguantará un desempleo cercano al 10% esperando los frutos del crecimiento.
El gobierno se preocupó, aunque quizá la palabra precisa es que se asustó. En nuestras encuestas, la percepción de que empeoran las posibilidades de encontrar trabajo venía creciendo con fuerza desde marzo. El desempleo de 9,6% y las sucesivas caídas del Imacec terminaron de aguar la expectativa inicial de un despegue de la economía con más trabajo y mejores sueldos.
Hasta ahora, la apuesta económica de La Moneda se parecía más a una cadena teórica (recuperar la confianza, atraer inversión, crecer y luego generar trabajo) que a la realidad cotidiana de la mayoría. Enamorados de esa secuencia, en Teatinos 120 demoraron en tomar nota de que la inseguridad laboral ya estaba instalada y que por la falta de empleo se apuntaba directamente al Presidente, tanto o más que por la delincuencia.
Pero esa tardanza abre otra pregunta que esta vez no puede llegar tarde a Palacio. ¿Qué hacer si la economía vuelve a crecer, pero el empleo sigue rezagado? La robotización y la inteligencia artificial, sumada al alza en los costos laborales, pueden empujar a que las empresas produzcan más sin necesariamente contratar más. Incluso un mejor resultado macroeconómico podría convivir con una recuperación laboral decepcionante y una ciudadanía aún más frustrada.
En ese contexto, la cautela inicial de Trabajo frente a Hacienda resulta reveladora. Jorge Quiroz ha sostenido la meta de reducir el desempleo a 6,5% hacia 2030. Tomás Rau fue más cauto y recordó que esa meta la había puesto Hacienda, dejando instalada una duda sobre cuánto empleo puede generar su estrategia económica.
Por eso, los 100 mil empleos anunciados tendrán que hacer una diferencia palpable más allá de la mejoría habitual del verano. El gobierno y el casi millón de desempleados necesitan que esa mejoría dure y llegue rápido a quienes hoy están buscando trabajo.
“Chile Despega” puede empezar a reparar la distancia entre la apuesta económica del gobierno y la experiencia ciudadana. El alcachofazo fue entender que la promesa de crecimiento no alcanzaba para sostener la espera y que la cuña de “la mejor política pública es el pleno empleo” no era más que eso, una cuña. Ahora la gente tendrá que reconocer sus efectos en la posibilidad de encontrar trabajo o en el alivio de dejar de temer perderlo. Porque si el empleo no despega, el problema seguirá apuntando al Presidente.
Por Cristián Valdivieso, director de Criteria
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