El año del fuego

Desconocidos pintaron la estatua del general Baquedano. Foto: Andrés Pérez



SEÑOR DIRECTOR

¿Qué estamos conmemorando? Ha pasado un año y hubo incendios, ojos perdidos, calles destrozadas, un ataque al Metro que pareció una operación militar perfecta, miedo, rabia y lo que algunos, muchos dicen, sentían una esperanza.

Detrás de la gigantesca manifestación del 25 de octubre del 2019 había una multitud de petitorios, tal vez con tantos anhelos como personas presentes. Voces sin partido, sin líder, sin banderas, que transmitían la desazón y el escepticismo frente a la clase política y frente al modelo económico.

Pero vinieron luego semanas de real angustia. La violencia se tomó calles, plazas, a lo largo de todo el país. Venían las manifestaciones y después la batalla entre la policía uniformada y los antifaces de la primera y la última línea y los que parecían dispuestos a todo mostrando su rabia, su capacidad de destrucción, su fuerza, provocando un enfrentamiento permanente.

Los vi, saliendo una noche de mi consulta, atacarse mutuamente buscando la ferocidad del otro. Un grupo de carabineros disparando balines a hombres enmascarados con hondas que jugaban a aparecer y desaparecer lanzándoles proyectiles de vuelta. Ni el menor atisbo de tranquilizar la situación por ninguno de los dos lados.

Hubo noches muy difíciles. La peor fue aquella en que se convocó el plebiscito. Tuvo largos silencios, una inquietante incertidumbre, para terminar en la paradoja en que se pretendiera calmar a una multitud que pedía las cabezas de los políticos con un acto absolutamente político, manejado por los mismos políticos.

¿Qué vendrá ahora? El plebiscito fue opacado por la pandemia, pero en cuanto la primavera saca sus soles tenemos la plaza nuevamente tomada, la distancia social echada al olvido y el coronavirus como una fantasía febril. Ha pasado un año. ¿Cuántos serán necesarios? ¿Terminará la agitación? ¿Habrá paz para pensar la ley?

Se pierde la confianza en que el plebiscito calmará las huestes. La nueva Constitución se sueña como una lámpara maravillosa que calmaría todos los deseos de la ciudadanía. La demagogia late bajo su redacción tal como la dictadura escribió la anterior a punta de abusos y juegos sucios.

Estamos incómodos. Vamos a tener que estar más lúcidos que nunca. Déjennos tranquilos, por favor.

Marco Antonio de la Parra

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