El BID: mucho más que una elección

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SEÑOR DIRECTOR

Nunca había visto tanta expectativa y revuelo sobre la elección del futuro presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Debe ser porque solo hay elecciones cada doce años en promedio. No es casualidad, entonces, el interés que surge en actores de la política local de presionar al gobierno para mostrar su inclinación a favor de un candidato en particular. Aunque la carrera parece bastante corrida, aún hay algunos prefieren sumarse al carro perdedor.

Con justa razón, hay un grupo minoritario de países, entre los cuales está Chile, que buscar postergar la elección prevista para septiembre próximo. Las razones parecen razonables: tener el espacio y oportunidad de reflexionar y debatir sobre el rol de un organismo financiero multilateral creado hace 60 años, en un contexto muy distinto al actual. A simple vista, parece correcto plantear -como lo ha hecho el gobierno- la necesidad de discutir los desafíos futuros de un banco sin la presión e incertidumbre de la pandemia del Covid-19.

Pero la elección del presidente del BID entraña algo más profundo. Bien lo saben los exministros que han pauteado a la Cancillería y Hacienda por una definición. Bajo la apariencia de suspender la elección por la crisis sanitaria, lo que se busca es dificultar, por razones presumibles, la designación del candidato estadounidense, Mauricio Claver-Carone, quien ha tenido una reacción inapropiada frente a declaraciones de nuestro Canciller, lo que sirvió como excusa para que nuestras autoridades lo desautorizaran como candidato.

La alternativa que algunos quisieran abrazar es la candidatura argentina. Se trata de Gonzalo Béliz, un funcionario kirchnerista. Cometeríamos un grave error en explicitar algún apoyo oficial a su favor. No solo por su afinidad ideológica al kirchnerismo y al Grupo de Puebla; también porque representa al campeón mundial del default financiero y judicial. Ante el silencio casi sepulcral de nuestras autoridades por las recientes pretensiones territoriales del gobierno argentino, resultaría incomprensible salir a apoyar a una candidatura perdedora, aunque fuere por razones de buena crianza.

Francisco Orrego B.

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