Opinión

El contraste del poder

El contraste del poder

Los gobiernos suelen ser juzgados dos veces: cuando terminan y en el transcurso del siguiente. Es en ese segundo momento cuando el contraste reordena la memoria política. Los segundos gobiernos de Bachelet y Piñera fueron evaluados con severidad en su momento, pero el paso del tiempo y los cambios de ciclo político fueron reordenando la forma en que esos periodos son recordados.

Sebastián Piñera terminó su segundo mandato con desgaste y alta desaprobación. Sin embargo, cuando asumió Gabriel Boric, parte de ese pasado empezó a verse más sólido de lo que parecía en tiempo real y hoy, según Criteria, aparece como el Presidente mejor evaluado desde 1990.

No cambiaron los hechos, sino el punto de comparación. Ahora comienza un nuevo ciclo con el gobierno de José Antonio Kast y un mandato muy distinto al que recibió Boric en 2022. No es épico, refundacional ni postmaterial. Difícil recordar una campaña más terrenal que la que acaba de terminar. El contrato es claro: orden, seguridad y crecimiento. Es, ante todo, un mandato de eficacia.

Es probable que Kast tenga una luna de miel más larga que la que tuvo Boric. Hay agotamiento con el estilo del actual gobierno y cansancio con una política que ha vivido el último tiempo en campaña permanente. La ciudadanía quiere que al gobierno le vaya bien.

Pero ese mismo contrato de eficacia también reduce el margen simbólico del nuevo Presidente. A diferencia de Boric, que contó durante un tiempo con la narrativa generacional y un calendario de plebiscitos que funcionó como válvula de escape del malestar, Kast no tendrá ese amortiguador. No habrá proceso constituyente que canalice frustraciones ni relato transformador que compense resultados débiles y sostenga una aprobación superior al 30%, como ha logrado Boric. La mayoría que lo eligió no le aplaudirá una confrontación recurrente con el pasado. Le exigirá resultados.

Visto así, los conflictos tempranos adquieren particular relevancia y la controversia por el cable submarino es una señal de alerta. Enfrentarse al gobierno saliente rindió frutos durante la campaña, pero el juicio de la ciudadanía se redefinirá cuando comience el ejercicio del poder. Un gobierno que se ha presentado como “de emergencia”, convocado a enfrentar las urgencias del país, requiere sostener su base electoral de segunda vuelta más que estrecharla. Si la dinámica de confrontación se instala demasiado pronto, Kast corre el riesgo de tensionar el clima político justo cuando necesita construir condiciones para producir resultados.

Si el orden no se percibe en la calle, si el crecimiento no se siente en el bolsillo y si la gestión no logra ser distintiva, el malestar puede emerger. El riesgo no es solo que resurja la nostalgia por el gobierno anterior, sino también que se anticipe la desafección con el nuevo y que la luna de miel sea más breve de lo esperado.

La alternancia chilena está siendo menos ideológica que pragmática y emocional. Algo que el próximo gobierno debiera tener presente desde el inicio.

Por Cristián Valdivieso, director de Criteria

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