El corazón de las tinieblas



Por Gabriel Zaliasnik, profesor de Derecho Penal, Fac. de Derecho U. de Chile

El escritor inglés de ascendencia polaca Joseph Conrad en su obra “El corazón de las tinieblas” bajo la forma de una alegoría moral retrata la degradación del ser humano y explora donde anida su vocación de irracionalidad destructiva. Así, la compañía que explota con voracidad la selva africana encarna una barbarie explícita, cínica, que reprime y esclaviza a sus habitantes (caníbales) sin el menor escrúpulo. La locura es un estado de ánimo que se apodera de quienes creen detentar la superioridad moral y civilizadora.

Cómo no recordar esta obra en los tiempos de exaltación que vive nuestro país, y que ni siquiera la grave pandemia que ha azotado al mundo logra aminorar. La vocación destructiva se apoderó no solo de quienes semanalmente, en una especie de ritual, usan la violencia en el corazón de nuestra capital, sino también de muchos que ejercen posiciones de liderazgo y que debieran contribuir a contener y ordenar el cauce político y social por el que Chile navegará en los próximos meses y años.

En este último sentido, el rol del Colegio Médico y en especial de su presidenta es significativo y por lo mismo sus recientes palabras en un podcast agrediendo al gobierno, al ministro de Salud, y en general a quienes no comparten su visión política resultan tan vulgares como esclarecedoras. Por cierto, ellas restan toda legitimidad a sus intervenciones y críticas en el ámbito del manejo de la pandemia.

Izkia Siches se sacó la mascarilla. Nos mostró su verdadero rostro. Aquel que muchos advertían ya desde el inicio de la pandemia pero que ahora exhibió con una franqueza que linda en el desparpajo. La captura política del Colegio Médico y por lo mismo el uso de éste como trampolín político y también como arma para dañar la estrategia sanitaria del gobierno es evidente. Es la misma Izkia Siches que hace solo un año se oponía públicamente a la recomendación del entonces ministro de Salud de usar mascarillas para prevenir contagios, grave error por el que hasta el día de hoy no se disculpa. Es la misma que ha sido vocera o prestado cobertura a los agoreros de la catástrofe pandémica y a advenedizos epidemiólogo de RR.SS.

En palabras de Judith Shklar, “mientras cada parte trata de destruir la credibilidad del rival, la política se convierte en una fábrica de simulación y desenmascaramiento”. Eso es lo que ha ocurrido con Siches. Sin el menor escrúpulo desde que hizo su aparición en marzo del 2020, busca desacreditar a adversarios políticos, asumiendo una supuesta superioridad moral y autoproclamada capacidad de gestión. No basta el delantal blanco ni el título de médico para excusar su irresponsabilidad política. Su corazón sigue en medio de las tinieblas de su pasado en las Juventudes Comunistas, siendo ella parte activa de la barbarie totalitaria, supuestamente civilizatoria, que algunos anhelan para Chile.

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