Opinión

El debate sobre las Humanidades

No es sincera esta polémica. Uno la sigue y podría quedarse con impresiones erróneas. Tanta autoridad universitaria rasgando vestiduras, ¿recién ahora? ¿Qué tanto les preocupan a nuestras universidades las Humanidades? ¿No será que tecnócratas estatales desde cargos administrativos, que saben tanto de Humanidades como de ciencias (es decir, de ambas, nada), se sienten a sus anchas? Las universidades hace rato dan la hora y no saben defenderse.

Seamos honestos: esta discusión tiene que ver con financiamiento universitario y ciencias sociales. Evidentes los sesgos a favor de investigación, innovación y metas tecnológicas. Para nada con Humanidades, como siempre se las ha apreciado. Tampoco con antiguos especialistas en letras, a quienes ahora se les conmina a articular jerigonzas teóricas en vez de entender y hacer comprensibles grandes textos literarios. Ni con historiadores enchapados a la antigua, sin complejos de que se les tenga por ensayistas o cronistas, conforme lo fijado por Heródoto hace 25 siglos. De ahí los principales libros de historia sobre Chile, empezando por La Araucana, que jamás se habrían escrito si se hubiesen tenido que ajustar a los requisitos vigentes hoy para “investigaciones históricas”.

No lo único vergonzoso. Nuestra principal facultad, históricamente dedicada a las Humanidades, la de la UCH, aún no se recupera del fin del Pedagógico, destruido por activistas y rectores militares. Las últimas conciencias humanistas de proyección nacional fueron Jorge Millas y Mario Góngora. Al primero se le exoneró; el segundo debió recorrer muchas instituciones hasta terminar en la UC. Juan Gómez Millas, que pudo ser otra gran figura, se convirtió en el ministro de Educación que jibarizó las Humanidades en la secundaria chilena, a fin de reformar y masificar. El rector de la U. Diego Portales puede que pontifique a diario sobre las Humanidades, pero la ministra Lincolao lo emplaza a que diga de qué han servido al país las muchas platas que el Estado le ha entregado a su universidad (salvo su sello editorial, nada notoria en Humanidades). Calcado de Trump cuando le hace ver a Harvard que Washington paga la fiesta y pone la música, así que ándese con cuidado y no haga pasar ideología por Humanidades.

Estas suponen sensibilidad y personas muy cultas, conscientes de una antigua sabiduría que bien vale mantener viva, preferentemente mediante la reflexión, la docencia y el diálogo. Útiles no son, aunque representan lo más valioso que se ha transmitido desde hace miles de años, tanto en escritura como en altos grados de perfección en arte. Exigen respeto. Suponen una auctoritas que puede desaparecer en el entretanto y tener que volver a recorrer siglos de miopía, oscuridad y pérdida de logros alguna vez alcanzados, hasta que vuelva a producirse un Renacimiento.

Por Alfredo Jocelyn-Holt, Historiador

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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