El día después



Por María Jaraquemada, oficial de Programa para Chile y el Cono Sur de IDEA Internacional

El lunes 17 de mayo, junto con la correspondiente resaca electoral y análisis múltiples de qué ocurrió, las sorpresas de las listas independientes, el éxito de las candidatas mujeres y el efecto de la paridad, así como el golpe a los partidos políticos tradicionales, comenzaron las conversaciones sobre cómo continuará nuestro proceso constituyente ya con la claridad de quiénes tendrán la enorme responsabilidad de escribir la propuesta de nueva Constitución.

Los medios han comenzado un trabajo de informar a la ciudadanía quiénes son aquellas personas que nos representarán, sus trayectorias, propuestas en ciertas temáticas como derechos sociales, protección del medio ambiente, diseño institucional, sistema de gobierno, entre muchas otras materias.

Sin embargo, poco se ha hablado del primer día de sesión y funcionamiento de la Convención Constitucional. Prácticamente nada está definido, sabemos que sesionarán en el ex Congreso en Santiago y también en el Palacio Pereira, recientemente remodelado. Esperemos que la pandemia nos dé una tregua para ese momento y puedan realizarlo de modo presencial, mal que mal, muchos no se conocen y hay que generar importantes confianzas para el año de trabajo que se avecina donde tomarán decisiones claves para el futuro de nuestro país y que requerirá de altos consensos.

Pero aún quedan muchas preguntas por resolver antes de ese primer día -previsto en principio para el 5 de julio-, tales como ¿quién presidirá dicha primera reunión?, ¿cómo se elegirá y organizará su directiva?, ¿será paritaria?, ¿qué rol jugarán las y los representantes de pueblos indígenas?, ¿se realizará por votación secreta o pública?, ¿se transmitirá al público dicha sesión?, ¿quién tomará promesa o juramento a sus integrantes?, ¿quién definirá la agenda o tabla de asuntos para esa sesión?, ¿quién les prestará el apoyo técnico? Si bien pueden sonar a temas más bien secundarios y ya hay propuestas de que la presidencia esté en manos de una mujer y/o de una persona independiente, los procedimientos y símbolos son relevantes para estos procesos.

En el año 90 ocurrió algo similar cuando se “estrenó” nuestro nuevo Congreso después de estar suspendido de sus funciones por la dictadura y fueron los parlamentarios de más edad los que presidieron las primeras sesiones respectivas para luego tomar juramento o promesa y organizar la votación de la mesa.

Cada proceso constituyente es único tanto por su contexto como por sus objetivos, sin embargo la experiencia internacional y las tradiciones republicanas nacionales pueden servir de apoyo para ver qué se puede adaptar y ha funcionado bien así como para levantar alertas de experiencias más bien fallidas. El tiempo es oro en este itinerario constituyente, por eso, todo lo que contribuya a un proceso fluido, irá sentando las bases para el diálogo y deliberación del nuevo pacto social.

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