El futuro del trabajo

Si ya en el año 2016 las estimaciones de Gary Hamel sobre el aumento de la burocracia administrativa eran desalentadoras, la pandemia no ha hecho otra cosa que transparentar este fenómeno. ¿Cuántos trabajos del mundo empresarial o de las organizaciones de la sociedad civil son realmente útiles? ¿Cuántos de ellos terminarán perdiéndose producto de la pandemia?



Usted acaba de cambiarse de oficina. Su nuevo lugar de trabajo está en el mismo pasillo, a unos 20 metros de distancia. Dado que debe trasladar su computador, decide llamar a la mesa de ayuda de su organización, la cual subcontrata los servicios de TI. La empresa de TI, a su vez, subcontrata los servicios de logística con otra empresa que, en tanto, tiene un subcontratista que se encarga de la gestión de su personal. Hay, en consecuencia, cuatro organizaciones involucradas en la historia.

Cuando usted llama a la mesa de ayuda, lo primero que le piden es que llene un formulario. El subcontratista de TI recibe el formulario, lo aprueba, y lo envía a la empresa de logística, la cual tiene entonces que aprobar el traslado de su computador y solicitar personal para ello. El técnico que llega a ver el caso comunica que ha llegado, rellena un formulario, desenchufa todos los cables de su computador y lo pone en una caja. Un empleado de la empresa de logística traslada el computador a su nueva oficina, y el técnico que desconectó su computador abre la caja, instala el computador, informa a las empresas de TI y logística cuánto tiempo le ha tomado el trabajo, obtiene un par de firmas y envía a sus jefes todo el papeleo.

En resumidas cuentas, para trasladar un computador por el pasillo de su organización, fueron necesarias cuatro empresas, cerca de 10 formularios, y un día de su trabajo ha sido despilfarrado. Esta historia, que parece sacada de un cuento de Borges, es real. Y aunque sus protagonistas estaban trasladando el computador de una organización estatal alemana, lo mismo podría haber ocurrido en cualquier organización privada.

El pasado 2 de septiembre falleció David Graeber, quien documentó con una minuciosidad envidiable estas y otras patologías de la burocracia empresarial contemporánea. Graeber fue profesor de antropología de la London School of Economics y figura influyente del anarquismo contemporáneo. No es necesario tomarse en serio el anarquismo de Graeber para leer con atención su último libro: Trabajos de mierda. En dicho texto, Graeber explora el mundo del trabajo administrativo contemporáneo y se aventura a preguntar cuántos puestos de trabajo son realmente útiles. El título del libro ofrece al lector una indicación de la respuesta de Graeber a esta interrogante.

Un trabajo completamente inútil es, para Graeber, toda forma de trabajo asalariado que carece de cualquier impacto significativo en la organización, y cuya inutilidad es tal que la misma persona que lo realiza no es capaz de justificar su existencia, aun cuando se sienta obligada a pretender lo contrario. La definición que ofrece Graeber no es antojadiza o meramente teórica; se basa en una investigación cuyos principales protagonistas son los cientos de personas a las que el mismo antropólogo entrevistó.

Un libro como el de Graeber nos puede ayudar a contrarrestar el excesivo optimismo que algunos expertos del mundo empresarial suelen mostrar respecto del futuro del trabajo. Si bien es cierto que la pandemia abrirá nuevas posibilidades en términos de nuestras relaciones laborales, dicho optimismo suele invisibilizar dos fenómenos cuya seriedad no podemos desestimar. Primero, que la cantidad de personas que puede teletrabajar es una proporción relativamente baja de la población. No debemos olvidar que las estimaciones del Banco Mundial sobre el número de personas que caerán bajo la línea de la pobreza este año son dramáticas (las más conservadoras la sitúan cerca de los 71 y los 100 millones de personas a nivel global, dependiendo de la línea de pobreza utilizada en el cálculo). Muchos de estos “invisibles” se dedican a tareas imposibles de realizar a distancia.

Segundo, aun cuando sea cierto que ciertas formas de teletrabajo han llegado para quedarse, también es cierto que la pandemia ha hecho que muchas organizaciones comprendan qué trabajos son realmente imprescindibles para el cumplimiento de su misión. Al mismo tiempo, muchas personas se han percatado de que su trabajo puede ser fácilmente catalogado como completamente inútil, con las consecuencias que ello acarrea en términos de autoestima y motivación personal: el libro de Graeber es rico en ejemplos en el mundo del marketing, las comunicaciones y las tecnologías de la información.

Si ya en el año 2016 las estimaciones de Gary Hamel sobre el aumento de la burocracia administrativa eran desalentadoras, la pandemia no ha hecho otra cosa que transparentar este fenómeno. ¿Cuántos trabajos del mundo empresarial o de las organizaciones de la sociedad civil son realmente útiles? ¿Cuántos de ellos terminarán perdiéndose producto de la pandemia? Es difícil saberlo, pero la lectura atenta de un libro como el de David Graeber nos puede ayudar a pensar en los desafíos que se avecinan en el mundo del trabajo.

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