El gabinete y el gobierno de emergencia
El gabinete que presentó el Presidente electo ha reforzado el diagnóstico con que ganó la elección, el de un país que se desmorona -particularmente en materia de seguridad, también en economía- y la consecuente necesidad de actuar con criterio de “emergencia”. Así, ponderó la contribución que los futuros ministros pueden hacer a la implementación del programa por sobre cualquier consideración política, dando continuidad a la narrativa de “emergencia” con que abordó tres objetivos a la vez durante su campaña. Primero, etiquetó como asuntos de segundo orden a buena parte de la agenda de Boric, desde temas de género a medioambiente. También le permitió apuntar al actual gobierno como responsable de tener a Chile en estas condiciones. Por último, dotó de coherencia al silencio que mantuvo sobre asuntos incómodos, fundamentalmente los denominados “valóricos” que, en una lógica de emergencia, no debían gozar de prioridad. Pero el entonces candidato será Presidente y la vara que usó para calificar la situación del país será usada por sus adversarios para evaluar si él y su gabinete están a la altura del diagnóstico.
Pese a que próximo gobierno comenzará con una emergencia muy real, relacionada a los devastadores incendios en Biobío, que podría reforzar su narrativa, en el transcurso de su mandato enfrentará una paradoja: o persiste su diagnóstico de “emergencia” o se impone su figura como solución. En el tiempo, ambas ideas no podrán sostenerse a la vez. Durante la campaña, la estrategia de retratar un país en crisis se alimentó de la agenda mediática. Cada portonazo, cada toldo azul en Meiggs, los barrios tomados por el narcotráfico, asesinatos y atentados en nuestro sur, le daba la razón a Kast, haciendo crecer la percepción de crisis como una bola de nieve. Todos estos acontecimientos mediatizados podrán ser usados por sus adversarios como evidencia, quizás mañosa, de que no está haciendo lo suficiente. Su diagnóstico fácilmente puede transformarse en una trampa comunicacional, ya que toda emergencia se decreta, tiene comienzo y fin. ¿Qué dirá cuando le pregunten si seguimos en emergencia luego de seis meses o un año de mandato? Darla por superada o mostrar demasiado entusiasmo por ciertos progresos será desmentido por cualquiera de los acontecimientos que antes favorecían su posición. Decir que seguimos en esa situación alimentará la percepción de que no está cumpliendo.
Desde el punto de vista comunicacional, Kast puede escapar de esa trampa diferenciando la retórica con que ganó el poder de aquella con la que lo ejercerá. Pero no puede descuidar su respaldo político. El gabinete que ha presentado, de buena estatura técnica, deja a la gestión como única carta para enfrentar la emergencia por él diagnosticada. En sus futuros nombramientos, necesita evitar que los partidos que se sumaron a él en segunda vuelta se vuelvan espectadores de su gobierno, porque luego se transformarán en críticos.
Por Rafael Sousa, socio en ICC Crisis, profesor de la Facultad de Comunicación y Letras UDP
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