El “Giro Matthei”: ¿reinvención de autor o arquitectura de poder?
En política, los finales suelen ser amargos, pero los segundos actos pueden ser magistrales. La historia reciente de Evelyn Matthei es el relato de una resiliencia fuera de norma. Tras una trayectoria larga y de alto perfil, el cierre de su última aventura presidencial no estuvo a la altura de su peso político. Una campaña que no logró convocar a su propio electorado —y, seamos honestos, tampoco la lealtad de su sector— la dejó fuera de los tres primeros lugares en una elección donde el tablero tradicional se trizó. El resultado fue mezquino para una figura de su tamaño, que pareció ser enviada prematuramente a los cuarteles de invierno. En política esos retiros suelen ser definitivos: pocas figuras vuelven, y las que vuelven, vuelven disminuidas.
Pero Evelyn no se fue a ningún cuartel.
Hoy, sin el cinturón de seguridad que significaba el sillón municipal y con sus partidos moviéndose en la ambigüedad —muchos gravitando en la órbita de un gobierno que no les es propio—, Matthei ha optado por el camino más audáz: la reinvención desde la libertad absoluta. Lo que vemos en el panel de una radio o en sus redes sociales no es una exautoridad intentando mantener la vigencia. Es un giro comunicacional inteligente y profundamente autónomo. Al desmarcarse de las directivas y de las cocinas partidarias, parece estar logrando que pocos consiguen tras una derrota: reposicionarse como una figura que ya no le habla solo al núcleo duro de la derecha, sino a un electorado diverso que valora el carácter por sobre la militancia. Y lo hace sin el ruido de la crítica estridente: con la opinión informada de quien conoce los pasillos del poder y maneja los datos económicos, que es exactamente lo que hoy escasea en el debate público chileno.
La pregunta estratégica que debe quedar instalada es otra: ¿es este despliegue una jugada personal para sanar las heridas de una campaña esquiva, o es Matthei la estructura silenciosa que construye una pista de aterrizaje para una derecha que hoy parece mimetizada con el oficialismo, pero que en cualquier minuto podría necesitar un lugar a donde descolgarse?
Esa libertad —sin un partido que la pautee ni una alcaldía que la ate— es su activo más valioso. Le permite ser puente entre sectores que hoy están cerca de la gestión por pragmatismo y un futuro que todavía no se sabe cómo se ordena. Lo que Matthei está instalando es algo más incómodo para su sector que una candidatura: la evidencia de que se puede hacer oposición relevante desde afuera de los espacios formales del poder.
Queda por ver si esta nueva Evelyn es solo una aventura personal —legítima, después de una campaña esquiva— o si está construyendo otra cosa. Hoy no se sabe. Y probablemente ella tampoco lo tenga decidido.
Por Tatiana Klima, socia directora Criteria Comunicaciones.
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