El olvido que seremos



Por Álvaro Ortúzar, abogado

Tomo prestado este título de la gran obra del escritor Colombiano Héctor Abad. El Chile que conocimos desde hace 50 años va encaminado hacia un cambio profundo y definitivo. Nadie podría negar que se hace indispensable corregir los errores cometidos bajo las reglas del libre mercado, los abusos que en su nombre se han cometido, las desigualdades hoy patentes.

A nuestro modo de ver, no se ha explicado el fenómeno sobre cómo, bajo lo que hoy se llamaría el espejismo del desarrollo y del crecimiento, de la existencia de mayores ingresos, de la reducción de la pobreza, del aumento del bienestar de las personas, se hubiese incubado en forma silenciosa un repudio y odiosidad a esas reglas, y que una parte importante de la sociedad se alzare contra ellas. De otro modo no se entienden los hechos ocurridos a partir del 18-O. Las que se creían simples consignas sobre un tipo distinto del sistema de previsión -cuya exigüidad e insuficiencia para una vejez digna han quedado a la vista y han sido el impulso vital de los tres retiros del 10%- ; de una salud garantizada que no era verdad, sino simplemente una falsa competencia entre los servicios privados, rápidos y caros -cuyas Isapres enfrentan más de 200 mil recursos de protección anuales por alzas en sus programas de salud- frente a unas atenciones estatales lentas, con esperas de a veces de más de un año para conseguir una cama o una operación; de una educación que no acaba de ser gratuita y que ha endeudado a tantas personas. Todos estos dejaron de ser eslóganes y pasaron a ser el germen real del descontento social y de los cambios que se vienen. No puede dejar de advertirse, eso sí, que esa marcha de millones de personas del 18 de octubre sorprendió a todo el mundo político, incluso a la izquierda, que la capitalizó hábil y velozmente, y que alentó las expresiones más extremas del grupo que no demandaba cambios sociales, sino que deseaba caos, destrucción y violencia. Ni olvidemos tampoco que exactamente de allí nació el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución del 15 de noviembre de 2019. El Presidente Piñera caía hasta la madrugada de ese día y tuvo que ceder ante el inexplicable caos que le había sobrevenido.

En estos meses que vienen se sabrá, ahora parodiando a Ernesto Sábato y su obra “Sobre héroes y tumbas”, quienes serán los triunfantes y qué parte del modelo que nos rige será sepultado.

Una de las cuestiones lastimosas es que los dirigentes políticos de todos los bandos, lejos de formular propuestas concretas y beneficiosas para el país, se han enfrascado en sus propias odiosidades internas, su ambición de poder y su personalismo. Ello solo augura campañas presidenciales llenas de populismo, promesas vanas y demagogia. Veremos quizás a un Jadue conveniente y falsamente metamorfoseado de demócrata hasta una Jiles moderada, ambos en busca del poder.

Uno quisiera decir que no está en riesgo la certidumbre jurídica y económica, pero para eso Sábato debiera volver a escribir su “Informe sobre ciegos”.

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