El Presidente Boric Font: ¿un modelo de gobernanza semiótica?




Por Mauro Salazar J. Observatorio en Comunicación, Crítica y Sociedad (OBCS). Universidad de la Frontera

El presidente electo Gabriel Boric Font ha venido subrayando una serie de desplazamientos respecto a los resabios de la izquierda del siglo XX. A todas luces esto ha sido leído como una señal de moderación y una forma de oxigenar la teoría democrática, pavimentando alianzas en un marco de conflictividad estructural. Adicionalmente, ha establecido algunos hitos en sus modos de enunciación que van desde el discurso donde citó a Enrique Lihn, el simbolismo de “La Moneda Chica”, y sus hábitos juveniles (generacionales) que suelen ser bien retratados en redes sociales. Sin olvidar que ubicó junto a sus asesores (as) a Maya Fernández Allende como ministra de defensa en una clave republicana. De paso ha reiterado, una y otra vez, que será el Presidente de todos los chilenos.

Se trasladó a vivir al Barrio Yungay bajo la “imagen del presidente vecino”. Desde el punto de vista de una política comunicacional (memética) tal gobernanza semiótica ha dado réditos. El presidente electo ha hecho un intenso uso de múltiples tecnologías del presente y tampoco ha escatimado esfuerzos en mostrar empatías con la moderación generacional de Pepe Mujica.

En el clima bélico, el próximo Mandatario, sin aplaudir el eje de la OTAN, añadió hace pocos días que “desde América del Sur va nuestro abrazo y solidaridad al pueblo ucraniano ante la inaceptable guerra de agresión de Putin”. Ello es una opción estratégica por cuanto también ha tomado distancia de aquella izquierda que sigue capturada de algunos maniqueísmos, a saber, defender la guerra en nombre de una irrestricta perspectiva geopolítica. En su mensaje sobre la invasión rusa a Ucrania, señaló que “Rusia ha optado por la guerra como medio para resolver conflictos”. Y desde Chile condenó la invasión a Ucrania, la violación de su soberanía y el uso ilegitimo de la fuerza, solidarizando con las víctimas y mostrando liderazgo. Es muy esperable que en esta misma dirección el mandatario electo pueda establecer una distinción en cuestionar las restricciones a las libertades cívicas del régimen cubano, lo que en ningún caso implicaría ser tolerante con el drástico bloqueo de Washington contra la isla.

Hace algunos años el presidente cuestionó, junto al actual ministro Jaime Bellolio, el intervencionismo del embajador chino, como asimismo las violaciones de los DD.HH del pueblo palestino por parte de Israel y la vía bolivariana, dejando la sensación de que Venezuela es, esencialmente, un mantra dedicada a exterminar DD.HH., aunque sin olvidar los efectos del bloqueo que padece Caracas.

Pero cuáles son los límites de esta especie de socialdemocracia de “tono liberal” que el presidente electo ha podido utilizar para surfear una enorme cantidad de problemas. De otro modo, cuál es el antídoto que le ha permitido girar con tanto espacio discursivo en nuestro eclipsado paisaje político. En parte el mandatario electo ha capitalizado pragmáticamente el vacío de poder. Aquello que el campo de la izquierda suele llamar el desgobierno. También ha logrado empaparse de un lenguaje millennial, ecológico, feminista, técnico -Marcel mediante- que se expresó globalmente en su gabinete.

Con todo, si Gabriel Boric insiste en una crítica radical a la vía bolivariana, Israel y Rusia, más allá de los matices, tendrá que mantener la misma conducta en política exterior cuando Pekín (eventualmente) cumpla los sueños de anexar Taiwán, cuestión que ha estado en el tapete durante las últimas semanas. Y ello al precio de padecer las sanciones potenciales en materias de exportación del gigante asiático, actual aliado de Putin. El pragmatismo chino no es una póliza para sustentar eternamente la convicción democrática, ni menos descartar las diferencias silenciadas con el Partido Comunista. El 11 de marzo comienza la “posta central” y como siempre gobernar es administrar complejidad y transgredir expectativas (Maquiavelo). Allí recién empezará la administración del Estado, la inercia de las burocracias, las dudas elitarias, el monopolio de la fuerza, las querellas coaliciones, el grito de la calle y los anhelos de las multitudes. De suyo La Araucanía y la migración. Y en medio del huracán deberá mantener el carisma que demanda la dominación. ¡Veamos si la diosa Fortuna lo sigue acompañando!

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