Opinión

El vecino desconocido

30 Julio 2026 Calle Rio de Janeiro Barrio Coreano, sector Patronato Foto: Andres Perez Andres Perez

¿Cuándo fue la última vez que usted conversó, sin apuro, con quienes viven en su misma calle, pasaje o edificio? No un saludo en el ascensor ni una frase mientras se cierra el portón, sino una conversación verdadera. ¿Sabe cómo se llaman sus vecinos, a qué se dedican, quién vive solo o quién podría necesitar ayuda?

Vivimos cada vez más conectados y, sin embargo, nos conocemos cada vez menos. Levantamos rejas, instalamos cámaras y reforzamos cerraduras, pero rara vez nos preguntamos quién habita al otro lado del muro. No es un asunto menor. La confianza es también una forma de infraestructura urbana, aunque no se construye con hormigón. Allí donde las personas se reconocen, ocupan los espacios públicos y desarrollan vínculos de cooperación, los barrios funcionan mejor. Una calle habitada por extraños puede estar perfectamente iluminada y continuar siendo insegura. Una calle donde alguien sabe nuestro nombre, en cambio, comienza a convertirse en comunidad.

Pero la confianza no se decreta ni se instala mediante una ordenanza. Para confiar hay que conocerse y, para conocerse, pocas cosas resultan mejor que sentarse alrededor de una mesa.

Esa sencilla intuición dio origen a El Gran Malón, iniciativa impulsada por Ciudad Emergente que durante 15 años ha reunido a miles de personas en distintas comunas de Chile. Este sábado 3 de octubre, la invitación vuelve a extenderse por todo el país: sacar mesas y sillas a la calle, compartir algo para comer y conversar con quienes viven cerca, pero quizás todavía nos resultan lejanos. El Centro de Innovación Urbana para el Desarrollo, el Hábitat y la Descentralización —CIUDHAD— de la Universidad Andrés Bello se sumará a esta convocatoria. En su sede del barrio Bellavista, la comunidad universitaria saldrá al espacio público para encontrarse con los vecinos. No se trata solamente de organizar una actividad: una universidad inserta en la ciudad debe abrir sus puertas, desbordar sus límites y formar parte activa del barrio que la acoge.

Una evaluación realizada por García-Hombrados y Barrios sobre malones organizados en Chile registró una disminución cercana al 21% de los incidentes policiales dentro de un radio de cien metros. El resultado no proviene de sofisticados sistemas de vigilancia, sino de algo más elemental: personas que ocupan la calle, se reconocen y comienzan a cuidarse mutuamente. La iniciativa fue incorporada al catálogo de buenas prácticas para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

Solemos imaginar al buen vecino como quien presta una taza de azúcar o recibe un paquete. Pero también puede ser quien advierte algo extraño, acompaña durante una emergencia o simplemente acompaña en la soledad. Para que eso ocurra hay que romper primero la distancia.

El Gran Malón es una fiesta, pero también un pequeño experimento urbano. Durante unas horas, la calle deja de ser únicamente un lugar de tránsito y vuelve a ser espacio de encuentro. Quizás una buena ciudad comience precisamente ahí.

Por Ricardo Abuauad, decano Campus Creativo UNAB, profesor UC, y Javier Vergara, director ejecutivo Ciudad Emergente

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