Opinión

Una Cancillería en aprietos

El que un embajador de Chile en funciones en el extranjero conceda una entrevista a un canal de televisión de un tercer país, en la cual se dedica a minimizar una de las comunidades significativas en Chile, así como a denostar a un expresidente de su país, es un hecho sin precedentes. El que lo haga frente a un mapa con fronteras que ignoran lo que es la política exterior de Chile, y el derecho internacional establecido, más aún. Sin embargo, eso es lo que hizo el embajador de Chile en Israel, Gabriel Zaliasnik, sin recibir más que un llamado del canciller y admitir haber cometido “un error”.

Pocas instancias reflejan mejor la crisis por la que atraviesa la diplomacia chilena que lo ocurrido con Zaliasnik. Este es un abogado que se encuentra además bajo serios cuestionamientos legales en Chile, por lo que uno asumiría que sería especialmente prudente. Ello fue uno de los temas planteados al Canciller Pérez Mackenna por los integrantes de la Comisión de RREE de la Cámara de Diputados, y que surgirá en la interpelación al canciller, la primera de un ministro en este gobierno.

Los cancilleres de Chile han tendido a gozar de altos índices de aprobación en la opinión pública, así como del principio establecido que, si bien todos los ministros son fusibles, hay dos “que no se cambian”: el canciller y el ministro de Hacienda. El que, a apenas seis meses de gobierno, le esté temblando el piso al canciller no es una buena señal. Aunque este gobierno ha abierto muchos flancos, la política exterior ha sido uno de sus talones de Aquiles.

En la relación con Estados Unidos, desde que el canciller lo proclamo “socio estratégico principal de Chile”, las cosas han ido de mal en peor. En adición a la imposición de un arancel de un 12,5% (pese a la existencia de un TLC), Washington luego incluyó a Chile en una lista de países que harían transbordos ilegales de productos chinos a EE. UU., sin proveer prueba alguna. Una visita posterior a Santiago de un funcionario de la oficina del Representante de Comercio a negociar una rebaja de aranceles fue infructuosa.

Con Argentina, las cosas no están mucho mejor. Cuestionamientos de altos mandos militares argentinos a la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes y pronunciamientos ambiguos de la Cancillería argentina fueron respondidos con debilidad. La negativa expresa del Presidente Kast de pedirle al Presidente Milei durante su visita a Chile que derogue dos decretos argentinos que relativizan la soberanía de Chile sobre el Estrecho ha sido “la guinda de la torta” de esta flaqueza ante supuestos amigos ideológicos de este gobierno, como Milei, Trump y Netanyahu. Para sorpresa de nadie, a la vuelta de Milei a Buenos Aires, dos de sus ministros reiteraron sus dudas sobre la soberanía de Chile sobre el Estrecho, con explicaciones posteriores poco satisfactorias.

Una Cancillería que se guía por la ideología y no por el interés nacional en la conducción de la política exterior no puede sino llevarnos por mal camino. Ha llegado la hora de enmendar rumbo, y rápido.

Por Jorge Heine, profesor honorario del Instituto de Estudios Internacionales, U. de Chile

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