Encuesta CEP: origen e importancia histórica

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FOTOS: PATRICIO FUENTES Y./ LA TERCERA



Este jueves 16 de enero de 2020 se liberaron los resultados de la encuesta CEP correspondiente al mes de diciembre recién pasado. El estudio reflejó una profunda crisis de confianza de los chilenos con respecto a la institucionalidad política del país, elemento que se expresó de forma muy potente con el magro 6% histórico de aprobación que recibió el presidente Sebastián Piñera. Producto de esto, han resurgido las críticas al régimen presidencialista, se ha dicho que el gobierno ha dejado de gobernar, que es posible un nuevo cambio de gabinete e, incluso, que deberían adelantarse las elecciones tanto del ejecutivo como legislativo (el Congreso apenas tuvo el 3% del respaldo ciudadano). Así, la encuesta CEP ha remecido a la polis nacional.

Ante esto, es necesario comprender también el origen y la importancia histórica que han tenido los estudios de opinión del Centro de Estudios Públicos en la política chilena. Este insumo surgió a finales de la década de 1980, como una idea de Arturo Fontaine Talavera para comprender la sociedad que se enfrentaría al plebiscito de 1988, al tiempo que buscaba crear un termómetro común de la política. A fines de 1985, el director del CEP presentó un proyecto al National Endowment for Democracy (NED) para financiar la recolección de datos del estudio, petición que fue aceptada por Carl Gershman, entonces presidente del NED. El proyecto del CEP contemplaba analizar diferentes grupos de la población, tales como empresarios, sindicatos y estudiantes, a través de diferentes preguntas de índole político, económico, religioso y social. De este modo, el think tank intentaba proveer de diagnósticos a la comunidad política de los 80.

Lo interesante es que las encuestas entre 1986 e inicios de 1988 no contaron con una repercusión pública tan relevante. Si bien se mencionaban sus datos en los medios de comunicación tradicionales, los agentes políticos de entonces, ya sea del oficialismo o de la oposición, no reaccionaban a su información. El desinterés por la encuesta CEP en la oposición democrática se entiende parcialmente porque esta contaba con otros estudios de opinión, tal como las encuestas realizadas por CERC o FLACSO. Sorprende que incluso la derecha no realizara valoraciones sobre este insumo, que podría haber ayudado al oficialismo y a los partidos del sector. Esto último posiblemente se debió a una conjunción de elementos: una cultura política menos basada en ciencias sociales –al contrario de lo que sucedía con la Economía–, la confianza del gobierno en sus recursos o la existencia de una serie de encuestas que daban buenos números a Pinochet.

A medida que se acercaba el plebiscito de 1988, incluso la validez del estudio del CEP fue cuestionado por otras empresas encuestadoras que auguraban buenos resultados para la opción Sí. Esto sucedió en junio de 1988, cuando el Centro entregaba un empate entre la preferencia de continuidad de Pinochet y el rechazo a esta opción. Estas críticas provenían de Skopus y de la Universidad de Chile, esta última entonces bajo control del régimen. Los estudios de estas instituciones mostraban una tendencia favorable a la opción Sí. Por ejemplo, en abril de 1988 Skopus señalaba un 24,5% de preferencias a aquella opción, mientras que un 19,1% al NO. Por su parte, la Universidad de Chile en abril de 1988 mostraba un 36,2% a la opción Sí, y un 29,1% a la alternativa No. A medida que se acercaba julio, en ambas crecía la diferencia a favor del Sí. Ambas encuestadoras acusaban al CEP de tener una metodología "deficiente", por no reflejar el respaldo a Pinochet que ellas mostraban. Lo interesante de esto se encuentra en el cuestionamiento público al trabajo del CEP y la todavía escasa influencia que este insumo tenía en los distintos agentes políticos, tanto de oposición como del oficialismo.

Solo con la encuesta del plebiscito, cuyos datos fueron filtrados por el mismo Arturo Fontaine, el CEP logró mostrar lo fiable de su trabajo, al ser el único estudio más cercano a las ideas de centroderecha que presagió una victoria a la opción NO. Esto se dio en un contexto donde muchos sondeos informaban el mismo día del plebiscito  que Pinochet ganaría con un 59% de las preferencias. Tal vez influyó que las encuestas de la oposición mostrando una victoria de su opción no generaba la misma impresión que si realizaba lo mismo una institución fundada por asesores económicos de Pinochet y partidarios del libre mercado. Más todavía en un momento político de alta crispación y desconfianza, en donde las encuestas llegaron a ser usadas por el régimen como un medio de propaganda política antes que como fuente de diagnósticos. Así, a partir del plebiscito de 1988 se sentó una base de legitimación transversal de la encuesta CEP en la comunidad política de entonces, la que se iría ampliando en la década de 1990, a medida que se acercaban elecciones y sus datos coincidían con importante precisión con las elecciones. Es decir, la encuesta CEP obtuvo legitimidad a medida que sus resultados eran corroborados con la realidad electoral, por la irrupción de figuras políticas y otros temas de interés.

Lo anterior guarda un significado histórico mayor en Chile: el Centro de Estudios Públicos se ha transformado en el principal proveedor de diagnósticos del ciclo democrático inaugurado en 1990, entre las muchas buenas fuentes de información con que cuenta actualmente el país. El think tank, en sus casi 40 años, ha logrado erigirse no solo como un espacio y actor de la política –con una línea intelectual determinada–, sino que también ha logrado entregar la radiografía de la sociedad que los políticos e instituciones más respetan. De esta manera, el Centro tiene el poder del diagnóstico político, ansiado por otras instituciones y pensadores, ya que a través de ese diagnóstico de los actores políticos reaccionan y delinean su futuro. Por ello, si consideramos que la encuesta CEP ha tenido la capacidad de hacer que los gobiernos cambien de rumbo en el pasado, no sería raro que también dé pie a que tengan cambios en un futuro. Es un antecedente a tener en cuenta tras la última encuesta, pero también representa un peligro que es necesario evitar en este naciente ciclo político.

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