Enemigo poderoso



Hace un par de meses apenas, nadie habría sido capaz de prever el impacto del Covid-19 que hoy azota a parte importante del mundo. Ha sido tal el efecto, que varios líderes europeos -hoy el continente más golpeado por la pandemia- se han referido a esta como la peor crisis que han debido afrontar desde la Segunda Guerra Mundial. Los efectos son devastadores y, hasta ahora, apenas vemos la punta del iceberg porque mientras el contagio no esté controlado, las personas enfermas seguirán colapsando los sistemas de salud, seguirán muriendo las personas más vulnerables y esto traerá consecuencias en la economía, en nuestros sistemas políticos y en toda la sociedad. Se trata, probablemente y ahora sí, del enemigo más poderoso que el mundo ha enfrentado en mucho tiempo.

Para las sociedades latinoamericanas las noticias no son más alentadoras con la reciente llegada de la enfermedad que, a diferencia de muchos países europeos, no cuentan con sistemas de salud fuertes y con políticas de bienestar que permitan hacer frente a una situación estructural en la región, como son los altos niveles de desigualdad y la precarización laboral, tal como ha advertido en los últimos años la OIT. Así las cosas, los ciudadanos de nuestros países deberán enfrentar esta situación en un escenario de alta vulnerabilidad y de efectos aún insospechados, que requieren liderazgos que pongan, ante todo, el cuidado de la población por delante.

Sin ser agorera del pesimismo, esta crisis enfrenta a nuestro país en una situación que plantea varias complejidades más. La crisis política y social que se gatilló hace cinco meses y que tiene como uno de sus vectores los altos niveles de desconfianza en todas las instituciones, plantea un desafío adicional al mundo político respecto a la manera que se enfrenta la situación y como las autoridades, en especial el Ejecutivo, logran persuadir a la población sobre la pertinencia de las medidas que se adoptan para proteger el bien común. A este respecto, es clave que la información que se genere sea oportuna, transparente y en lenguaje claro, porque ello limita la alta circulación de noticias falsas y la enorme ansiedad que situaciones catastróficas como estas generan en la población, con los consecuentes efectos sicosociales que en situaciones de extrema vulnerabilidad, son difíciles de controlar. En esto, tener una actitud de acogida y diálogo con otros actores relevantes para enfrentar de manera conjunta una crisis de esta magnitud, parece el único camino posible, porque ésta no se logrará superar sólo con la gestión de la autoridad. En momentos donde el argumento experto es clave, un actor como el Colegio Médico tiene mucho que aportar.

Tendremos probablemente mucho tiempo para aprender de qué manera fuimos capaces de hacer frente a este enemigo poderoso. Por lo pronto, es importante, re mirar la manera en que construimos y estamos preparados para brindar protección y bienestar para los ciudadanos; de qué manera las democracias otorgan garantías para asegurar información, confianza y respeto a los derechos fundamentales; y de qué manera también en cada uno de nosotros prima el sentido de solidaridad y responsabilidad para cuidarnos entre todos, único camino posible para construir una sociedad donde el bien común sea una máxima que todos estamos dispuestos a respetar.

Comenta

Imperdibles