Equilibrios delicados

José Antonio Kast y Gabriel Boric.



Por Rolf Lüders, economista

En un poco más de una semana tendremos la segunda ronda de la elección presidencial. Es posible que aquella sea la elección más importante desde la vuelta a la democracia, dado que posiblemente esté en juego nada menos que el modelo socioeconómico que ha de imperar en el país en las próximas décadas.

Caricaturizando, José Antonio Kast estaría representando, en materia económico-social, al liberalismo extremo, como aquél que -muy equivocadamente a mi juicio- un sector del país considera que impera en Chile. En cambio, Gabriel Boric estaría, sin explicitarlo, impulsando al socialismo del siglo XXI, al estilo del modelo aplicado en Venezuela.

No obstante, si hacemos fe de los remozados programas, la realidad pareciera ser muy distinta. Por un lado, José Antonio Kast, lejos de proponer una economía de laissez-faire como aquellas imperantes en el siglo XIX, desea restablecer los equilibrios fiscales y perfeccionar nuestra moderna economía social de mercado. Esto, con el objetivo de corregir las fallas del modelo y poder alcanzar, en un plazo razonable y con pleno respeto a las libertades ya conseguidas, los objetivos sociales hoy considerados deficitarios.

Por el otro lado, Gabriel Boric -con similar finalidad- se propone respetar también los equilibrios fiscales y el carácter de mercado de nuestra economía. Sin embargo, es partidario de aumentar muy significativamente el rol del Estado en ella. En ese sentido, las medidas propuestas por su candidatura -muchas de ellas formuladas en forma muy general y a veces ambigua- nos recuerdan la institucionalidad existente en Chile a mediados del siglo pasado. Es sabido que entonces experimentamos un crecimiento menor que aquél de EE.UU., de la región, y del mundo, culminando el proceso con la crisis de comienzos de los años 1970.

Pues bien, una de las condiciones necesarias para la prosperidad es que la institucionalidad sea de tal naturaleza que tienda a la inclusividad (Acemoglu y Robinson, 2012, 2020) y al uso y acumulación eficiente de los recursos. Pero para que haya prosperidad sin violencia, intimidaciones u otros actos degradantes, se requiere la existencia de un Estado con el poder necesario para hacer respetar estrictamente el cumplimiento de la ley y, simultáneamente, una sociedad civil que controle eficazmente a ese Estado.

Los delicados equilibrios requeridos para el desarrollo entre justicia y eficiencia, por un lado, y entre un Estado con el suficiente poder para garantizar la existencia del estado de derecho, pero que no invada la esfera privada, por el otro, me parecen mucho mejor resguardados en el programa de José Antonio Kast. En cambio, el fuerte aumento de la intervención del Estado en la economía que propone Gabriel Boric presenta una evidente amenaza para el progreso de Chile.

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