Opinión

Escribir la próxima década

Andres Perez

Por la primera década de vida de ChileMujeres realizamos un trabajo colaborativo con miembros del directorio, consejo asesor y líderes clave en nuestro desarrollo para proyectar y planificar no solo la próxima década de la fundación, sino también los próximos años de nuestro país. Fruto de este trabajo nació el estudio “Perspectivas y proyecciones del empleo de las mujeres en Chile para una ruta común”.

Mirar nuestra historia permite proyectar los desafíos del futuro. En Chile contamos hace solo cuatro décadas con estadísticas laborales y en ellas se observa una transformación profunda. De acuerdo con Zoom de Género de OCEC UDP, ChileMujeres y CCS, en 40 años la participación laboral femenina pasó de 31% a 52%. Una de cada cuatro trabajadoras era trabajadora de casa particular; hoy es una de cada veinte. La presencia femenina en sectores históricamente masculinos ha crecido sostenidamente y su liderazgo en cargos administrativos, gerenciales y directivos se duplicó. Los hogares han vivido una profunda transformación: casi la mitad de las mujeres ocupadas es la principal proveedora y las trabajadoras con educación superior completa se triplicaron.

Estos datos muestran un país que avanzó, pero la tendencia preocupa. En la última década, la participación femenina entró en una meseta, con un crecimiento de solo dos puntos porcentuales. El desempleo y la informalidad siguen afectando más a las mujeres, especialmente a las de menores ingresos. Sólo la mitad de las madres con hijos o hijas menores de 14 años tiene un empleo, y aunque la brecha de ingresos se ha reducido, su avance es cada vez más lento.

A este escenario se suman transformaciones de gran escala. La inteligencia artificial y la automatización amenazan con desaparecer empleos de entrada, afectando especialmente a jóvenes. La robotización ya impacta salarios y ocupaciones. Y el telón de fondo demográfico es ineludible, con una fecundidad que está por debajo de un hijo por mujer y una población que envejece.

Proponemos para la próxima década abordar los desafíos estructurales persistentes de baja participación, alta informalidad y desempleo con metas ambiciosas: subir la tasa de ocupación en 10 puntos, reducir la informalidad femenina a la mitad y atenuar el desempleo femenino al 7%. Esto implica movilizar a 1,4 millones de mujeres: 843 mil nuevos empleos y formalizar a 550 mil.

Para lograrlo —además de integrarse con decisión a la revolución tecnológica y destrabar los proyectos de inversión que generarán miles de trabajos— se requieren transformaciones profundas en dos niveles.

En el ámbito empresarial, un cambio cultural en adaptabilidad laboral, corresponsabilidad parental, igualdad de oportunidades en contratación y desarrollo y equidad salarial.

En el ámbito público, una adecuación institucional y legal que incluya una nueva ley de sala cuna para madres y padres que promueva el empleo formal femenino apoyando la maternidad, un sistema robusto de apoyo al cuidado de personas mayores con dependencia, y una modernización integral de la legislación laboral que amplíe la libertad con seguridad social, con especial énfasis en la flexibilidad laboral, pensando fuera de la caja en, por ejemplo, jornadas anuales. Y que elimine las barreras al empleo formal.

Debemos a su vez darle fuerza a la oportunidad para el crecimiento económico que significa aumentar la participación laboral de las mujeres. Como ha dicho Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, “Si tienes menos fuerza laboral, tienes menos crecimiento”.

La próxima década no está escrita. Puede ser la del estancamiento y la mediocridad o la de una nueva ruta común que definamos como país donde hagamos las cosas distintas y en donde la educación, el talento y el esfuerzo definan las oportunidades laborales.

*Los autores de la columna son miembros de ChileMujeres

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