Escudo polémico
El mundo está cambiando y los tiempos que vienen no serán nada de fáciles. A partir de estas dos obviedades surgen debates complejos que nos están mostrando un siglo XXI que se visualiza brutalmente diferente del precedente, como consecuencia de cambios que son particularmente difíciles de asumir para quienes formamos parte de las generaciones de transición, nacidas y formadas en la Guerra Fría, pero a las que hoy nos toca ver un mundo irreconocible, con más incertidumbre que nunca.
El peor y más frecuente de los errores es reducir todo a Trump, a su carácter y estilo de gobierno. Si fuera efectivo, bastaría con esperar dos años y el mundo volvería a ser lo que fue. Estados Unidos nuevamente sosteniendo a la OTAN y con Europa como su principal aliado; los tratados de libre comercio restablecidos, con sus aranceles cero; la soberanía de los países limitada por órganos y normas supraterritoriales y no por el poder de dos o tres grandes potencias. Basta enunciarlo para darse cuenta que ello no ocurrirá y el hecho de que Estados Unidos sea gobernada hoy por alguien con la personalidad de Donald Trump es mucho más una consecuencia de los cambios que su causa.
El acuerdo político firmado por el Presidente Kast, junto a un importante grupo de gobernantes latinoamericanos, denominado Escudo de las Américas, entraña oportunidades y riesgos, pero la verdadera pregunta que debemos formularnos es si a los intereses de nuestro país les es más conveniente haberlo suscrito o habría sido mejor quedarse al margen. Se levantan voces que dicen: “en la disputa entre Estados Unidos y China, Chile debe permanecer neutral”. ¿De verdad alguien puede creer que eso es posible?
Ningún país latinoamericano ha podido combatir el narcotráfico y el crimen organizado sin la asistencia de Estados Unidos. Es lamentable, pero nosotros no seremos la excepción. ¿Qué quedaría de nuestras Fuerzas Armadas sin nuestra relación estratégica en ese ámbito con Estados Unidos e Israel? Por supuesto subsistirían, pero con capacidades seriamente menguadas y en un entorno que se acerca decididamente a la potencia del norte.
Los expresidentes Bachelet y Boric critican la firma en defensa de nuestra soberanía. Sin embargo, no tenían la misma preocupación cuando promovían una propuesta constitucional que convertía a Chile en un país plurinacional y con distintos sistemas de justicia. En política, como en la vida, ninguna decisión se toma en un entorno abstracto, sin alternativas reales y concretas, con sus respectivas consecuencias.
El nuevo orden mundial amenaza el concepto de soberanía en que se formaron nuestros países. La hegemonía que hoy pretende Estados Unidos sobre el continente americano, el crimen organizado y el control económico de China sobre actividades estratégicas, son realidades con las que tenemos que lidiar de la mejor manera posible, tomando opciones y asumiendo algunos costos para evitar otros peores. Ese es el mundo real, con desafíos más complejos y difíciles que simplemente proponer que seamos neutrales.
Por Gonzalo Cordero, abogado
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