Opinión

Estados Unidos y la “diplomacia” minera

(Foto de ARCHIVO) El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (archivo) REMITIDA / HANDOUT por PRESIDENCIA DE ESTADOS UNIDOS Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma 22/12/2025 PRESIDENCIA DE ESTADOS UNIDOS

El interés en el petróleo de Venezuela fue explícitamente reconocido por parte de Donald Trump en su primera entrevista tras la captura de Maduro, sin pudor alguno. Esto ha revitalizado clásica tesis en que la política exterior de las potencias mundiales para América Latina se sustenta en la obtención de los recursos naturales. ¿Es descabellado pensar que la política exterior de Trump busca recursos naturales en la región? Evidentemente, la política exterior reviste muchos intereses y condiciones. Y en ese conjunto de intereses, los recursos naturales son elementales para la administración de Trump.

La política de seguridad nacional (NSS, por sus siglas en inglés), publicada en noviembre del 2025, se refiere explícitamente a la necesidad de erradicar amenazas que ponen en riesgo el acceso de Estados Unidos a recursos críticos. Esto se relaciona a la lista de los minerales críticos elaborada por el USGS. Estos minerales son aquellos considerados imprescindibles para las cadenas de valor estratégicas para la seguridad económica o nacional –como por ejemplo las relacionadas a la transición energética, sector militar o IA.

Para avanzar en esa dirección, la administración de Trump ha tenido una activa diplomacia minera para asegurar que las cadenas de suministro con sus socios comerciales sean fluidas. Esto se conoce como friendshoring. Recordarán que una de las primeras actividades públicas del embajador actual, Brandon Judd, fue visitar la planta de Litio de Albemarle en Antofagasta. Lo mismo hizo la secretaria del Tesoro de la administración Biden, Janet Yellen, en su visita a Chile en marzo del 2024. En mayo del 2024, coincidentemente, se resolvió de manera amistosa la disputa que Albemarle mantenía con Corfo en el CCI, y se incluyó una cláusula que le permitiría aumentar la producción

Un paso más allá en la agenda de friendshoring de Estados Unidos fue el acuerdo de recursos minerales con Ucrania, con foco en tierras raras e hidrocarburos. El Presidente Trump lo reconoció como una condición para que Estados Unidos mantenga su apoyo a Ucrania, y como un medio de compensación al apoyo que han realizado en el conflicto con Rusia. A finales del 2025, se empleó una formula parecida con la República Democrática del Congo (DRC), en donde se creó una reserva estratégica de minerales, con el compromiso de apoyo para combatir grupos rebeldes que operan en la zona. El foco especial es en cobalto, y se crean mecanismos para asegurar el abastecimiento.

En ese contexto, no cabe duda de que Estados Unidos tiene los minerales críticos al centro de su agenda. La competencia por mantener la hegemonía en el nuevo orden global está desatada, y la administración de Trump está jugada por asegurar el suministro de minerales. Ya lo hicieron en Ucrania y la DRC. Sin disparar una bala ni desplegar un soldado, pero tampoco con las mejores condiciones para lograr un acuerdo ecuánime sobre un recurso natural no renovable.

No es descabellado pensar que la intervención en Venezuela incluya acuerdos –siendo laxo con el termino– en materia de explotación minera. Habrá que estar atentos a las condiciones que se generen, no solo respecto a los actores involucrados y los acuerdos distributivos, sino a la negociación como tal. ¿Están dadas las condiciones para una negociación justa y soberana sobre los recursos naturales de Venezuela? Difícilmente.

Por Felipe Irarrázaval, Facultad de Gobierno, Universidad de Chile

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