Fiasco de pasaportes



Por Jorge Heine, profesor de Relaciones Internacionales, Universidad de Boston

Al dejar sin efecto la licitación adjudicada al consorcio chino-alemán Aisino-Muhlbauer para la confección de pasaportes y cédulas de identidad, el Registro Civil ha abierto una caja de Pandora. Al anular lo que habría sido un contrato de US$ 205 millones por diez años, la entidad, de un plumazo:

a) Cuestionó el sistema de licitaciones, base clave del modelo económico chileno, del que tanto nos ufanamos. Quedó claro que se pueden echar para atrás; b) Creó una sombra de duda en los inversionistas extranjeros, que hasta ahora habían creído en el tan mentado principio de la no discriminación entre capital extranjero y nacional, y entre empresas extranjeras. ¿Va a ser la nacionalidad de la empresa de ahora en adelante un criterio para adjudicar licitaciones?; y c) Se constituye en un caso emblemático para las empresas chinas en América Latina, a las que se acusaba de firmar contratos de gobierno a gobierno por ser incapaces de ganar licitaciones. Ahora resulta que ganan una licitación, y ella es anulada.

Y esto no es la primera vez que ocurre. El proyecto de cable de fibra óptica de Valparaíso a Shanghái fue cancelado después que el secretario de estado Pompeo le leyó la cartilla al gobierno de Chile en su visita en abril de 2019. El precedente ya se había establecido. Chile permite que le den instrucciones.

Nuestro libro recién publicado con Carlos Fortín y Carlos Ominami El No Alineamiento Activo y América Latina: Una doctrina para el nuevo siglo (Catalonia) plantea una guía para la acción que evite precisamente este tipo de situaciones. Nuestros países no deben permitir que las grandes potencias los utilicen para sus propios propósitos. Esto va a volver a ocurrir. Hay muchas áreas en que las empresas chinas ofrecen el mejor producto al precio más bajo (el valor actual del pasaporte chileno es de 90 mil pesos, de los más caros del mundo; Aisino Muhlbauer ofreció hacerlos por la mitad). ¿Qué vamos a hacer? ¿Prohibir la participación de empresas chinas en licitaciones? ¿Hacer que lo chilenos paguen el doble por un producto de tecnología inferior, pero europeo?

Lo más increíble, sin embargo, es que todo esto se pudo haber evitado. Los pasaportes los podría confeccionar la Casa de La Moneda de Chile, como lo hace para otros países. En los últimos años se han invertido decenas de millones de dólares en su tecnología. Sin embargo, el ánimo privatizador y licitador ha llegado a tal punto, que el gobierno licita hasta la producción de documentos que podrían confeccionar entidades gubernamentales chilenas.

Hay una lección allí, para todos aquellos que quieran verla. Por una parte, que en Chile tenemos una capacidad instalada muchas veces desaprovechada. Por otra, que una política exterior de No Alineamiento Activo, que pone los intereses del país al frente y no se deja presionar por las grandes potencias; que recupera el regionalismo latinoamericano; que potencia el multilateralismo; y que internaliza que, en la era digital, muchas de las batallas se darán en la frontera digital, es el camino a seguir.

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