Formación docente, un aspecto crítico y olvidado en la pandemia

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Por María Beatriz Fernández, académica e investigadora del Instituto de Educación y Centro de Estudios Avanzados en Educación de la Universidad de Chile

En tiempos de emergencia sanitaria, muchos aspectos han convocado la atención pública en el área de educación. La enseñanza remota y sus desafíos para la docencia, la discusión por la fecha de retorno a clases presenciales, los cambios en el hogar a raíz de la educación a distancia, la aplicación del Simce, el revuelo por la calidad del apoyo de alimentación que entrega Junaeb, etc. Todos estos temas son de suma urgencia y requieren discusión y acuerdos inmediatos que prioricen el bienestar y el aprendizaje de los estudiantes.

Sin embargo, un aspecto que ha estado ausente en el debate es qué está sucediendo en tiempos de pandemia en formación docente. Este tema quizás no parece urgente, a primera vista, pero tendrá un fuerte impacto en nuestros futuros docentes.

Un elemento central que ha tensionado a todos los que formamos docentes es cómo adaptar al nuevo contexto las prácticas que realizan los estudiantes de pedagogía en establecimientos escolares. Ante esto, la respuesta de las distintas universidades ha sido variada: postergar las prácticas hasta que se retorne a las clases presenciales, colaborar con algunos profesores en enseñanza remota, adaptar las tareas centrales que los estudiantes de pedagogía deben llevar a cabo a entornos virtuales, entre otras acomodaciones. Sin embargo, no contamos con información sistematizada sobre esta área, ni espacios de colaboración entre universidades para abordar este desafío.

Las decisiones que han tomado las universidades son relevantes y no son azarosas, sino que representan diferentes formas de entender lo que constituye la formación docente y desafían nuestras formas de realizar la formación inicial docente en las universidades y su conexión con los distintos contextos. Entre estas decisiones se observan diferencias de posiciones: entender que debemos esperar que la situación se “normalice” para formar docentes, realizar la formación docente este año “a pesar” del contexto, y comprender que la formación docente siempre debe estar conectada con el contexto, no solo en tiempos de emergencia. Sin embargo, no hay un consenso en cuáles pudiesen ser las mejores acomodaciones.

Mientras la escuela, el rol docente y los aprendizajes de los estudiantes del sistema escolar durante este año están en reconfiguración, la formación docente no será inmune a esta transformación. En ese sentido, esta emergencia nos ha obligado a plantearnos preguntas que antes nos parecían impensables. ¿Es posible graduarse de docente sin haber realizado una práctica profesional de manera presencial? ¿Es posible realizar experiencias de prácticas a través de enseñanza remota?; si no es así, ¿es justo y financieramente viable detener la graduación de los estudiantes hasta que la situación nacional se “normalice”? Esta discusión involucra una reflexión importante sobre qué experiencias consideramos valiosas en la difícil tarea de aprender a enseñar.

Mientras estas discusiones están en desarrollo en los programas de pedagogía, no tenemos certeza sobre cómo este desafío será abordado a nivel nacional. A pesar de que el Sistema de Desarrollo Profesional Docente, aprobado en el año 2016, mandataba la renovación de los estándares nacionales para programas de pedagogía, estos aún no son discutidos ni aprobados por el Consejo Nacional de Educación. Tampoco se han aprobado los nuevos criterios y estándares para la acreditación de las carreras de pedagogía por la CNA. Estos lineamientos nacionales tienen un impacto en el quehacer de las carreras de pedagogía y debiesen recoger la pregunta por la relevancia por el contexto y la relación con la formación docente que se hace evidente en una situación de emergencia, cuyas consecuencias no serán solo inmediatas, sino, al menos, permanecerán en el corto plazo.

En definitiva, la pandemia nos ha desafiado a repensar no solo las nociones de escuelas, sino también las de formación docente y de aprendizaje de los estudiantes de pedagogía. Necesitamos una discusión más amplia sobre que está sucediendo a nivel país, abrir espacios de colaboración y reflexión entre carreras de pedagogía, y tomar decisiones que nos permitan conectar la formación docente con el contexto de emergencia sanitaria y crisis socio-política que vive el país.

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