Gran Valparaíso, una oportunidad




Desde que, a mediados del XIX, el zar llamó al Imperio Otomano el “enfermo de Europa”, distintos países recibieron, durante el siglo XX, sucesivamente ese calificativo: Reino Unido en los 60 y 70, luego España, Irlanda e Italia.  Sistemas en crisis, difíciles de recuperar. Lamentablemente, nosotros tenemos nuestro propio “enfermo”: Valparaíso (en alguna medida también el Gran Valparaíso), nuestro patrimonio de envergadura Unesco. El desplome de la fachada del Bar Inglés es un eslabón más de la degradación progresiva, a vista y paciencia de todo el mundo, de esta ciudad a lo largo de años.

No es un problema reciente. No es tampoco un desafío únicamente del gobierno local: la Convención sobre la protección del patrimonio de la Unesco, que Chile ratificó, indica para cualquier Estado parte que “…la obligación de identificar, proteger, conservar, rehabilitar y transmitir a las generaciones futuras el patrimonio cultural y natural situado en su territorio, le incumbe primordialmente. Procurará actuar con ese objeto por su propio esfuerzo y hasta el máximo de los recursos de que disponga…”. ¿Han hecho eso nuestros gobiernos centrales? ¿Han actuado “hasta el máximo de los recursos”? Aquí hay entonces una primera cuestión, mirando a las presidenciales.

Dicho eso, y en la escala local esta vez, la coyuntura hace que hoy las alcaldías de Valparaíso y Viña del Mar, así como la gobernación, se encuentren en buen pie para trabajar en conjunto. Esta es una oportunidad dorada para que esas autoridades (las nuevas y la reelecta) pongan en marcha un proyecto coherente y decidido para reposicionar al Gran Valparaíso, resolviendo sus muchos problemas e instalándolo como el polo global que alguna vez fue. Un proyecto que instale un relato común capaz de convocar y reunir, detrás del cual seguramente se alinearán la sociedad civil, los grupos de opinión, centros de reflexión y ciudadanos de a pie. Ese es el desafío.

Porque recordemos que se reúnen aquí condiciones extraordinarias. Se trata de un puerto emblemático y con renombre internacional; un destino turístico de primer nivel; un núcleo universitario maduro y complejo; una pieza clave en el corredor bioceánico; un actor indispensable en la conformación de la Macrozona central; un centro cívico y sede del Legislativo; un prestador de servicios ambientales para la región. No es poco: en la casuística internacional, varios ejemplos de recuperación hoy notables han contado con menos que eso para despegar.

El ejemplo del “enfermo de Europa” no es inocente: la mayor parte de ellos pudo revertir esa situación crítica para ofrecer a sus habitantes mejores y más duraderas condiciones de vida. Abundan los casos en los que un importante nivel de desafío resultó ser estímulo para la concreción de una visión de ciudad. El mismo Valparaíso que conocemos hoy es, en alguna medida, resultado del plan de reconstrucción posterior al terremoto de 1906. Las ciudades son resilientes; este es el momento de una visión para Valparaíso.

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