Identidad territorial: uno de los desafíos clave de la Nueva Educación Pública

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En el segundo nivel medio C (vespertino), del Liceo Agustín Edwards de Conchalí, más de la mitad de los alumnos son extranjeros.



Los cambios de los últimos años en el sistema escolar chileno y, muy particularmente, la entrada en vigencia de la Ley de Nueva Educación Pública, traen consigo muchas transformaciones institucionales, incluyendo la comprensión de territorio por parte de las comunidades educativas del país.

El territorio, de acuerdo a la evidencia más reciente, es una dimensión fundamental de la gestión educacional, dada su relación directa con la (des)igualdad de oportunidades. Al estudiar el efecto de la comuna como variable territorial en los resultados educativos en Chile, se ha demostrado que los estudiantes con circunstancias sociales y económicas similares (es decir, manteniendo constante variables como: educación de la madre, ingreso familiar, género, asistencia a educación pre-escolar, entre otras), tienden a lograr resultados educativos muy distintos dependiendo básicamente de dónde está situada su escuela. Asimismo, cabe destacar que la influencia de este factor en la inequidad de oportunidad educativa, a diferencia de las demás variables socio-económicas, ha ido aumentando con el tiempo.

En este contexto, la creación de los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) considera, entre muchas cosas, la fundación de un espacio geográfico y social distinto a los pre-existentes (barrio, comuna, municipio, provincia y región) en Chile. Su constitución busca superar varios de los problemas que presenta el sistema municipal aún existente, entre ellos la gran desigualdad que ha generado.

La fusión de distintas comunas para conformar esa nueva segmentación legal – aunque tenga sentido administrativo y de economía de escala –, carece inicialmente de dimensiones afectivas y culturales, necesarias para lograr los objetivos que asume la nueva educación pública. Dichas dimensiones solo podrán florecer a partir de la construcción de una identidad territorial, ligada al sentimiento de pertenencia a un espacio común determinado.

Posibilitar que las comunidades educativas que empiezan a conformar ese naciente espacio se apropien de él, es fundamental para el desarrollo de dicha identidad territorial. Pero lograrlo no es gratuito, solo es posible a través de un liderazgo intermedio fortalecido. Uno que, por un lado, tenga consciencia de esa necesidad y del desafío que significa poner en práctica una mirada sistémica desde el territorio y que, por otro, posea las herramientas básicas para conciliar dos elementos: las identidades previamente existentes y la nueva arquitectura de ese espacio, lleno de posibilidades y esperanzas de una educación pública de mejor calidad y que sea más inclusiva, para todas y todos.

Así, una de las funciones clave que adquiere el nivel intermedio, a la hora de alcanzar dicha identidad territorial, es articular y mantener viva una visión clara, precisa y consensuada de este nuevo territorio. Es trascendental que ésta sea inspiradora y orientada hacia el logro de metas compartidas, que faciliten la adaptación de los establecimientos a las tendencias y desafíos educativos actuales y futuros. El más importante: disminuir las brechas que separan a nuestros niños(as) y jóvenes en todo Chile.

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