Incipiente acuerdo en la derecha

Los dirigentes de Chile Vamos y J. A. Kast el lunes, tras inscribir el pacto para constituyentes. Foto: Servel



Las inscripciones de las candidaturas este lunes nos hablan de la derecha y de la izquierda. El mensaje de esta última es más o menos claro. La cantidad de listas inscritas dan cuenta de la fragmentación de la oposición y, más grave aún, de la ausencia de liderazgos claramente instalados. Si el sector logró agruparse en torno a la idea de una nueva Constitución, esta semana fue evidente que el factor aglutinante no duró demasiado. Desde luego, el pronóstico de cara al proceso constituyente no es muy auspicioso. ¿Serán capaces de coordinarse en torno a un proyecto común? ¿Cuánto durará la unión fundada en el solo propósito de debilitar al gobierno? (no es mucho más que eso lo que los une). Tampoco las elecciones presidenciales prometen mucho para la izquierda. En cuanto a conglomerado, tiene “figuras”, pero no “liderazgos” capaces de encarnar un proyecto común de largo aliento.

De la derecha, las inscripciones de las candidaturas nos dicen algo distinto. La conformación de una única lista muestra un incipiente esfuerzo por buscar algunos puntos de encuentro (por básicos que sean) e idear, en base a ellos, una estrategia electoral. La negociación supuso algunas transacciones poco sensatas por parte de los partidos, como dejar fuera a jóvenes promesas por una mala distribución de los distritos; y tal vez en algunos casos, como el de Teresa Marinovic, hubo poco de acuerdo. Pese a todo eso, se trata de un primer esfuerzo que muestra algo de visión de Estado y sentido republicano. Así, la derecha queda más o menos en buen pie para las elecciones de constituyentes y con un relativo buen pronóstico para las presidenciales (aunque quizás por más vacío en la izquierda que otra cosa).

Con todo, la derecha no puede dormirse en los laureles. El proceso constituyente requerirá que este pacto inicial del oficialismo sobreviva a la elección de convencionales. Tal proceso no debiera ser el momento de peleas de poca monta ni de carreras personales, sino todo lo contrario. Nada de esto implica que deban estar de acuerdo en todos los puntos que se debatan, probablemente en lo programático no lo estén. Pero sí supone mantener vivo el espíritu que inspiró el acuerdo de Chile Vamos: la intención de buscar puntos de encuentro y el poder anteponer el bien del país a los intereses personales.

Ayer, Pablo Ortúzar y José Francisco García nos recordaban en una conversación sobre El Federalista que la genialidad de esos escritos está en gran medida en el sentido práctico que tienen. En el proceso constituyente se requerirá un equilibrio entre la defensa de ciertos principios y una sana cuota de pragmatismo y sentido de realidad. Se trata de un equilibrio difícil pero necesario. La derecha debiese tener esto muy presente durante todo el proceso.

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